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miércoles, 8 de julio de 2015

RETAHÍLOS

             
                   alef.mx


                                         


Citando como una premisa importante a la hora de redactar y, o poner negro sobre blanco, cualquier ensayo o discurso de cualquier tipo, modo y, o lugar; hay que manifestar sin ningún género de dudas, afirmando además categóricamente y sin ambages, que la calor no ayuda, más bien molesta.
Porque aún existiendo la facultad y, u oportunidad de por lo menos ponerse uno aunque sea, el común ventilador de aspas giratorias, que a más o menos velocidad de giro y, o rotación; hará posible el movimiento del aire que incidirá directa y, o lateralmente sobre la superficie corpórea del que les cuenta y, o relata aliviando momentáneamente la calor, por lo menos hasta que el aire circundante, tome y, o se equipare a la temperatura ambiente haciendo uso del aparato en cuestión como una acción más o menos banal e inútil para el fin que se persigue y, o desee.
Pos ponte aire acondicionado, dirán unos y, u otros; basándose en la clara circunstancia de la molestia caloril, cosa que es cierta y entre unas cosas y otras, que si ahora no, que si pa'luego, que como no me ha molestado hasta ahora en ésta actividad y, o afición que llevo practicando desde primeros de año de forma continuada y, o sin pausa (miento, hubo un impasse de tiempo sin publicaciones, por motivos editoriales y de la redacción empresarial que en su día se expuso)  y por tales circunstancias mencionadas anteriormente, han hecho que mi queja se circunscriba al momento actual, relacionado con mi empeño escrituril y la grave situación clara y demostrativa que con el aumento de las temperaturas y las distintas fases de sequía y lluvias torrenciales, no sólo aquí, sino en todo el planeta; es un claro síntoma del proceso del cambio climático del que ya se está haciendo visible y demostrativo de la acción de la mano humana para alterar el equilibrio natural de los distintos ecosistemas que se desarrollan por toda la geografía planetaria.
En otro orden de cosas y, o asuntos derivados de acciones que los lectores no expresan, lo cualo me da pie y mano para enrollarme con el siguiente tema que aunque no sea actual, tampoco va a llamar la atención ni el interés y, o la lectura de la párrafa que a continuación se va a relatar.
Con éste que hoy se pública, la cantidad de relatos, cuentos y demás charlas; se establece la superación del primer centenar de artículos escriturados. Cosa nada baladí, pues desde los inicios a primeros de año, el continuo trasiego de tonterías y demás figuras literarias expresadas aquí, no han tenido otra finalidad que el entretenimiento y evasión de distintos pensamientos que ante circunstancias distintas al normal desarrollo de la vida, te puedan afectar negativamente y, o hacer de tu pelota un entramado de suposiciones, dudas y, o quebrantos psicológicos causantes probablemente de desequilibrios emocionales, que pudieran afectar a la normal convivencia conmigo mismo y, o haciendo de mi vida otro mundo paralelo basado en suposiciones.
A lo largo de mi labiada escriturada en éste centenar de entradas del blog (agggg, casi me ahogo) se ha podido percibir parte de mi existencia y, o diferentes rasgos personales y características con las que mi expresión han dejado entrever, con o sin la intención de mostrar parte de mi íntima existencia, no soy muy extrovertido, dado mi carácter que prefiere conocer antes de soltar prenda, pero mi relación con la bitácora ha sido tan estrecha que me he dejado llevar al huerto con una facilidad pasmosa, haciendo de ella casi un diario relatado de mis inquietudes, deseos y pensamientos. Con éste que inicia otra centena que espero llegue a algún millar y, o millares varios; les deseo pasen buenas y felices vacaciones para los que las hayan comenzado y a los que estén por iniciarlas, igualmente y paciencia, el tiempo no se detiene y todo llega.
Parece ser, bueno, no parece; es y a la vez puedo asegurar que he metido el gambon, eso sí; sin conocimiento de causa, que no me exime de responsabilidad; por haber traqueteao en unos archivos de fotos y como decía la que te dije: - " la he liao parda", al borrarlos, se ve que interactuaban y se ejecutaban en concomitancia con los artículos del blog, borrándose y desapareciendo de los susodichos. Eso ha sido para celebrar el centenario bloguero articulado, ahora a reponer fotos que al no tener datos, podrían aparecer otras distintas a las originales. Es igual, da lo mismo y el curro que se me viene encima no me hace gracia, será lento y espaciado por lo que mis disculpas hasta que todo vuelva a su toma. 
-¿Qué toma?
- Un agua, bien fría. Gracias.

lunes, 2 de febrero de 2015

EN EL BARRIO "LA PAZ"

 Ésta fotografía salió publicada en el diario Ideal de Granada, no recuerdo la fecha, pero rondaría primavera-verano de 1970 ?. Con ocasión del triunfo del equipo en la liga local infantil de Huéscar.
La alineación es: - Luis León, Pepe Bueno, Aniceto Romero, Sola Vera, Pedro (mi hermano), Sandalio Fuentes, J. Domingo Casanova. Abajo: Pepe Fernandez, Salvador (yo) , Angel (Cucano), Jesús Chillón Fuentes (Chules), Manuel García Breau, Miguel Angel. Ya que hago mención a los jugadores, me gustaría hacerlo tambien con nuestro entrenador, presidente, representante y guía futbolístico, D. José Fernandez Motos, también padre de nuestro amigo y jugador Pepe, a mi lado y con el balón.










Hace poco, escuché decir : 
- "La patria de uno, es su infancia".
Y no hay mayor sentimiento que aquél creado en la infancia, por mucho que nos hagan sentir aquellos que tenemos de adultos.  
En el barrio La Paz, tengo guardadas todas las sensaciones que formaron mi personalidad, por mis padres, hermanos, familiares y amigos. También se suele decir, "que uno es como son sus amigos", y creo que no le falta razón. 
                                


La sucesión de acontecimientos donde las percepciones se acrecentaban en cada momento, y se desarrollaban experiencias gratificantes, ya fueran nuevas o continuadoras de las ya vividas; para resaltar que los días escolares estaban llenos de anécdotas de todo tipo y relacionadas con las diferentes actividades que surgían. 
El desarrollo escolar no es completo si la faceta donde los juegos son protagonistas y hacen surgir la risa, diversión y entretenimiento, no aparecen.
                                  


Con cada patada dada a un balón, en la escuela, en la era, de la que nos separaba la carretera a Castilléjar, o en el campo de fútbol, donde ahora está el centro de salud y polideportivo; se proyectaban las alegrías e ilusiones que no nos dejaban ver mas allá de la trayectoria del lanzamiento de la pelota. Por regla general, era la calle lisa del barrio la Paz, donde la textura del suelo nos hacía emplearla para todo tipo de juegos, en la que los partidillos o lanzamientos a portería o cualquier variable del juego, empleábamos con más asiduidad por comodidad sobre todo; con el inconveniente de las roturas de los cristales, debido al gran número de ventanas y grandes cristaleras que había. La plazoletilla del mismo barrio, que hacía de estadio con semi-gradas protegido por las viviendas alrededor, dirimía los enfrentamientos entre los grupos de distintas zonas del barrio o calles. Dicha plazoleta central del barrio, unía las calles, sirviendo éstas de rectángulos aptos para la práctica futbolística (cualquier lugar es idóneo cuando de una pelota se trata), facilitada también por la colocación de columnas que hacían de porterías, en los frentes de las viviendas y de acceso a los patios interiores donde había cuatro casas, con una pequeña fuente con o sin agua en el centro, dependiendo de su estado.
                                

El caso es que el diseño de los bloques de viviendas, y el barrio en su conjunto, parecía hecho a medida para el divertimento, disfrute, reunión y hermanamiento tanto de la muchachada como de las familias, debido a la facilidad de comunicación e interacción posibilitada por su distribución. En la fotografía superior que acompaña el artículo, se aprecia el barrio y el lateral de los bloques (en el de color blanco, se aprecian las columnas y el porche de acceso al patio interior, donde los días lluviosos eran ideales para cualquier juego por su amplitud),  de forma cuadrangular y ocho viviendas en cada edificio. Detrás de Sandalio (el más alto), está la que fue mi casa, frente a los árboles, junto a los bancos de un pequeño jardín con lílos, de donde arrancábamos las hojas y dibujábamos con ellas sobre el granito de los bancos para jugar a las tres en raya; a los cromos, a las cartas, etc.
En primavera o verano, a la llegada del buen tiempo y la noche, todos los alrededores de las puertas de las llamadas casas chicas (por menor habitabilidad) eran ocupadas por grupos de sillas, vecinos juntos y revueltos, y aquellos que ocupaban las viviendas con porche, o se quedaban en él o se reunían en los bancos cercanos, con pequeñas zonas ajardinadas; y de nosotros los zagales, se podría dar la circunstancia de estar cenando y jugando en la calle, casi casi a la misma vez.
En párvulos tenía una maestra, Dña. Carmen; que aunque autoritaria, nos trataba muy bien y por su cercanía de casa con la escuela, fácil era que de vez en cuando hiciéramos algún desplazamiento en pos de un recado para ella. Cosa de uso común era la utilización del alumnado como emisarios o botones del profesorado. 
El maestro de segundo curso, D. Antonio se llamaba, que precisamente mandaba a los de cursos superiores a casa a por su desayuno; y que en los días de lluvia alguna que otra vez,  los emisarios portadores del tazón de leche, situaban en los chorros de algún canalón y las sopas no eran ya solo de leche.
O copaban el negocio escolar, como D. José, maestro de 8ª curso que vendía en su clase los lápices, gomas, cuadernos y demás utensilios necesarios para su posterior uso allí. 
Al poco de empezar 2º, nos cambiaron de local, llevándonos al edificio que ocupaba la O.J.E., cerca del barrio, en la carretera de Granada, edificio que también era usado como vestuario cuando había partido de fútbol entre los equipos de la competición regional senior.
 En aquél lugar, nos pusieron a un maestro que llegó de fuera, madrileño creo recordar que era, joven y bueno con nosotros, dándonos las clases de una manera que no se estilaba por allí, y además no nos pegaba. D. Melchor era su nombre.
Tengo la impresión que nos trasladaron allí para integrar y dar clase a los niños de etnia gitana que vivían en las casas cueva del barrio de Las Santas, pues fueron compañeros nuestros cuando no lo eran en las clases del colegio Cervantes de la calle Mayor, de donde procedíamos.
La corta edad que tenía en ese tiempo, no me permite mencionar muchos detalles dignos de resaltar, pero continuaré; porque así, forzaré la memoria y dejaré reflejadas las buenas sensaciones que renacen cada vez que me acuerdo del niño que fuí.