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jueves, 28 de enero de 2016

TRANSITANDO

 
                   Alfred Sisley. - Inundación de Por Marley. 1876.
   http://algargosarte.blogspot.com.es/2014/09/los-otros-impresionistas-alfred-sisley.html


                                        
En la tranquilidad de conciencia que otorga la edad adolescente, donde todos tus actos van encaminados a las risas, el cachondeo, el despertar de la pubertad, los primeros escarceos sexuales, la poca importancia y banalidad de los asuntos que sin darte cuenta estas poniendo en juego, el futuro que en vez de abrirse es incierto en esos años donde una vez muerto el dictador, se fraguan un sin fin de intereses que claro, uno ni se cosca ni muestra la mas mínima atención a todo lo relacionado con causas políticas, que poco o nada llegas a entender ni te importan; y es en ese momento cuando se está poniendo a cocer un sin fin de acontecimientos principalmente sociales, que van a decidir el devenir de la actualidad en ese momento y posteriores, donde se está vendiendo todo el pescao y poniendo la carne en el asador.
No nos enteramos, salvo algunos que estaban metidos de lleno en asociaciones juveniles y políticas, de todo el embolao que se estaba formando,  los demás seguimos en el país de jauja, aunque nos viéramos involucrados en alguna que otra movida policial de carreras, palos y protestas, por el mero hecho de participar en situaciones de llamada al alboroto y manifestación, pero con la edad del pavo en esa época y estamos situados en 1976-77, cualquier charco era bueno para pisar. Lo cuál tampoco era óbice para desentenderse totalmente del galimatías que la ocasión propiciaba.
El instituto cumplió la misión de cumplimentar el año de transición hasta mi ingreso en el I.P. del E.T. en Carabanchel. Nada había en esa situación o circunstancia que llamara mi atención, ni mostrase interés por estudios, profesión o cualquier signo que me hiciera pensar en algún futurible con dedicación plena y sensata. En las ciudades dormitorio o barrios de poco nivel cultural, se hizo muy duro tener una perspectiva que hiciese ver más allá de una semana como mucho. El apoyo y las muestras de superación que recibíamos los alumnos, dejaba mucho que desear, pues era nulo, nadie se interesó ni ayudó, aún viendo las notas que con normalidad se sacaban, para darse cuenta del problema que allí se creaba, formando una juventud solo con la perspectiva del trabajo, mano de obra barata y mal pagada, destruyendo cualquier iniciativa estudiantil, pues a aquél que sintiera la llamada de los libros, debía sortear numerosos obstáculos para continuar con sus propósitos.
Personalmente, no sé si por mi mala cabeza o influenciado por el entorno, el año de instituto, aún sin pensar en lo que vendria después, fue un año echado en el pozo de la ignorancia y el festejo sin ninguna posibilidad de enmienda.
Menos mal que el destino es caprichoso y puede variar según las circunstancias y decisiones que un determinado momento se puedan tomar, estando siempre al libre albedrío de la posición en la que caiga la moneda.



lunes, 5 de octubre de 2015

SIGUE LA TONTERÍA

           
Huéscar, teatro oscense. http://play.tojsiab.com/

                                                      
Sonaba un timbre de alarma para indicar el comienzo de las clases, pero la continua entrada al instituto no cesaba hasta bien pasados unos minutos largos, eternos. El comienzo de clase era un continuo chorreo de estudiantes, sin ningún tipo de respeto de las mas mínimas normas estudiantiles. Cada cuál iba a su bola, con la total indiferencia del profesorado, que salvo raras excepciones, exigían puntualidad.  
Entre el inicio y apertura del curso y el envalentonamiento del alumnado, por causas de madurez precoz y aumento del ego al cambiar de status quo en la escala social del grupo y edad juvenil; se hacía muy notable la des-coordinación patente entre las reglas y disciplina que se requería para el buen funcionamiento del centro.
El profesorado, también ayudaba a tal desbarajuste, pues en la mayoría de los casos, su inexperiencia o parcial desinterés hacia el control del grupo de alumnos de clase, dedicándose únicamente a dar el temario con una gran indiferencia por la actitud y aptitudes que pudiéramos mostrar, aumentaba el caos y con ello la notable y creciente posición del alumnado para hacerse notar y tomar mas protagonismo en las distintas actividades que se ejercían tanto en las clases como fuera de ellas. 
Fue una inauguración del instituto algo insustancial, muy desprovista del clásico ambiente estudiantil que se respiraba en los centros con más solera o antigüedad, por el reencuentro de alumnos, el conocimiento del profesorado, la dinámica estructural de un centro formado con todas las funciones básicas cubiertas y donde todos se encontraban como en el local de reunión para aparte de estudiar y realizar actividades comunes, citarse para relacionarse y entablar amistades y reforzarlas.
Caso que no se produjo en ese primer año donde todo era nuevo y por empezar.
La inicial expectativa se tornó en parte en una generalizada monotonía que aunque fuese normal, pues el estilo de vida colegial no se diferenciaba mucho del estado que se vivía en el instituto, salvo el tipo de horarios y asistencias más o menos aleatorias al criterio del alumnado, con la potestad de dirigir la conveniencia de asistir a una u otra clase, según el interés, ganas o la simple opción de iniciar un partido de futbol.
Las anécdotas por características y multitudinarias, pasarán a ser parte de otro relato donde pueda centrar mejor la ocasión y momento que dió lugar a que se produjera.   
El paso del tiempo lo cura todo, y con los meses de inicio se formó una rutina estudiantil que ya mostraba aspectos más consecuentes con el aprendizaje y la enseñanza, pero a esos primeros alumnos que inauguramos  dicha institución, no se nos quitó la tontería hasta bien pasado el curso, e incluso ni con la finalización del año académico. 

jueves, 27 de agosto de 2015

EL MAIZAL

   
                              www.elevation.maplogs.com

                                               
                     


 Hubo un día en que el maizal desapareció. Aquél campo de maiz donde nos metíamos para perdernos y encontrarnos después entre sustos y risas; cogiendo de las mazorcas los rubios cabellos que sobresalían para adornar la silueta de las cápsulas del grano, y así poder disfrazar nuestros rostros con los mostachos que con la mas ingenua imaginación nos hacía mayores, con las burlas, bromas y  mas disparatadas imitaciones de cualquier personaje que se nos pusiera en mente, haciendo de la diversión norma común cada vez que entrábamos en el campo de panochas.
La acequia seguía encauzando el agua hasta la vega, donde todos los frutales y demás hortalizas esperaban pacientemente, floreciendo día a día.
El camino asfaltado que hacía de carretera hasta las últimas casas del pueblo, acercando la montaña, las pedanías y cortijos, los pueblos vecinos y los caminos rurales; bordeaba la parte norte del terreno de cultivo, y corría paralela a los grandes plátanos de sombra, al sauce llorón y algún que otro tipo de árbol que se me fuera de la memoria, todos ellos majestuosos y frondosos, alzándose en lo alto de un pequeño terraplén del solar, recorriendo la calzada y sirviendo de escolta a todo vehículo que hiciese el trayecto por dicha vía. Bajo la pendiente de la carretera se encontraba la acequia, sirviendo de separación del bancal, y otorgando dicho desnivel del terreno una pequeña tribuna para mejor posicionamiento y visión del juego.
Las restantes lindes de la parcela, las delimitaban por un lateral, una calle con una fila de casas bajas, situandose en el lado opuesto que la acequia recorría y separaba, el barrio de nueva construcción para ensalzamiento de los 25 años después de la guerra civil, de nombre La Paz, donde vivíamos todos los que disfrutamos mayormente del cambio de uso de la parcela para provecho del juego y amplitud del barrio. Como fondo sur, colindaba una tierra sin cultivo, donde posteriormente nacería un colegio; tambien se encontraba en las postreras aledañas un basurero que tardó poco en desaparecer. Más alla la huerta, el olivar por un lado, y el instituto con su campo de futbol vallado y el cuartel de la guardia civil más alejado, junto a la carretera que llegaba a Granada, frente al parque.  
No está escrito en ningún libro de historia del que se tenga conocimiento, al igual que entre los ancianos del lugar tampoco se habla de cómo llegaron allí las porterías; pero el día que hicieron acto de presencia, iluminaron la ilusión y los sueños de muchos niños, al igual que de los mayores; convirtiendo una finca de cultivo en un campo de esperanza.
Temprano se levantaban los jugadores ante la avalancha de partidos que debían jugarse los días señalados de competición, y los que no había tal, era usual encontrar a temprana hora y en día no lectivo, a alguien peloteando. Allí, si; siempre se estaba jugando al futbol, golpeando la bola.
Había una zona aledaña de terreno libre entre el rectángulo de juego y la acequia que apartaba el barrio, para uso de partidillos que no requerían mas jugadores que los que se propusieran hacerlo en un espacio mas reducido, o para tirarse unos penaltis, o para hacer rondos de pases, y para mil prácticas de todos los juegos imaginables. La acequia representaba un añadido a las fantasías. ¡No habrán navegado barcos, canoas y galeones por las aguas de riego! ¡Y la de limas que se clavarían en aquél solar de tierra, y las chapas que se harían infinidad de carreras por circuitos diseñados por las manos expertas de los conductores, y con las canicas que golpearían a otras desplazándolas de su posición para gloria del mas hábil. ¡Y la de agujeros que se habrían hecho para colar las perras gordas y las chicas y las pesetas...
Pero menos que pelotas y balones recorriendo y botando en la llanura.
También se dirimieron afrentas.
Aunque no se tiraran bien las líneas de yeso, para delimitar la zona de juego, el aspecto que representaba el campo una vez pintado, y colocadas las redes ( cuando llegaron con el tiempo ), con el ambiente que producía la ocasión del juego, proporcionaba una alegoría de la fiesta y espectáculo en que todos estaban contentos. Daba igual quienes jugaran, qué equipos, niños o adultos, el aspecto del entorno daba categoría al partido que se iba a celebrar.
Allí estaban todos los que debían estar, y algunos de los que no, también.
Los balones oliendo a manteca, las camisetas como serones, los pantalones, las zapatillas, las medias, las botas; al libre albedrío y posibilidades.
Los vestuarios en el edificio de la O.J.E. Y las ilusiones metiendo goles.
Allí hubo un día un campo de futbol. Pedregoso, de pequeñas piedrecillas, las llamadas chinas y mas grandes, que nunca desaparecían por más que se intentaran quitar.
Moldeable al clima, pues ni agua, ni viento, ni la nieve, impidieron que se jugara.
Recordado, porque por mucho que el tiempo se empeñe, la memoria dirá que allí hubo un maizal que al desaparecer, se convirtió en un campo de futbol.




    

viernes, 14 de agosto de 2015

DE CONCIERTO. - 8... FRANK ZAPPA, Burning, Mermelada.

Propiedad del autor.

                                     
                                        
En el rockodromo de la casa de campo, y alrededor el olor a choriceo, morcilleo y demás movidas fiesteriles, qué gran noche. En honor a la verdad, a mi Frank Zappa no me ha hecho cosquillas en la vida, ni lo he seguido y, si he escuchado algo de su música, ha sido de casualidad o por estar en algunos billares que de fondo se oía algún tema suyo.
El caso es que eran las fiestas de s. isidro y el cartel junto a Mermelada y Burning, hacía de esa noche una movida especial y muy rockera.
Fuimos toda la banda a tocar por pillar algo, aunque fuese un constipao, y vaya si tocamos todos los palos.



Actuó entre medias de las bandas españolas, cosa que se agradeció, pues la mayoría íbamos a ver a Burning, y la verdad que nos dejó alucinados el tipo éste con su propuesta rockera y ritmo musical, así como el rollo que se montaba sobre el escenario, nos gustó mucho y  a lo largo del tiempo he seguido escuchándole, pero sin estridencias. Gran rockero y guitarrista, por eso ha sido uno de los grandes, aunque con menos proyección aquí in spain. 



                                          

De Mermelada, pues esperando el segundo actuante del concierto, porque la verdad sea dicha, a mí, ni fú ni fá. Nacieron con el nombre de Mermelada de Lentejas, y su estilo era mas rock y rhythm and blues de los 70 cuando se dieron a conocer, a la vez que todos los clásicos del rock urbano madrileño, pero sin nada que ver con éstos. Fueron antecesores de la movida madrileña, no consiguiendo considerlos como tales debido al estilo musical diferente de ambos estilos. Su mas sonado éxito fue el que muestro aquí, a mi gusto personal y siempre desde el respeto..

                                      
 Y los maestros del rock urbano madrileño, actuaron dando el ansiado espectáculo con su música y rock chulesco y vacilón, representante de toda la movida del chavalerío madrileño. Qué decir de Burning que no se haya dicho, me entusiasman y para no ser pesado, aunque sean temas de larga duración coloco dos , que a mi me han hecho mucha compañía. nos vemos de concierto.




Y si aguantáis, y teneis un momento de "Sin tiempo para vivir", por lo menos escuchar el sonido de las olas rompiendo y las gaviotas. 
"Ya está aquí, tan cerca de mí, su perfume es su forma de amar, sonriendo, sin ruido al caminar, tan fría... " . "Voy a poner fin a mi vida, bailando un rock'n'roll suicida". Magistral.



                                    


miércoles, 5 de agosto de 2015

¡QUÉ MAYORES!. YA EN EL INSTIPUTO.

   
                             París, Rio Sena. www.traveler.es
                                 

  
Al terminar el colegio, casi todo estaba predestinado para que comenzase nuestra vida laboral, salvo que las cualidades estudiantiles del alumno destinado a mayores progresos, le permitiera seguir estudiando. No quiero decir que todo aquél, una vez terminado el colegio, debía ponerse a trabajar; pero sí era factible ayudar paulatinamente en el negocio familiar si se tenía, o buscara una ocupación ocasional que podría convertirse en fija toda vez que conseguido el trabajo que tan escaso y precario era en esa época, se continuara en él para ayudar en la economía de casa. Los estudios eran una continuación para aquellos que tuviesen perspectivas de sacarse una titulación de grado medio o una de f.p., pues la universidad ni se tenía conocimiento para acceder a ella o no entraba en cabeza de trabajador, obrero medio; ni posibilidades económicas. Sea por lo que fuere, la práctica estudiantil después de terminado el colegio, no estaba arraigada entre la clase obrera.
La inauguración del instituto de bachillerato en el barrio facilitó que se postergara otro año la entrada en el mercado laboral, pues con buena fe e ilusión, se abrió una puerta que nos permitió seguir jugando con los libros didácticos pero desde una situación de superioridad, que hizo nos convitieramos en adolescentes mayores, donde las acciones elaboradas tenían consecuencias, ya fueran para bien o generalmente para mal, pues el razonamiento dentro de la masa se hizo más influenciable aportando mayormente
efectos desagradables y negativos, pero siempre desde la risa y el cachondeo que la edad hacía tomarte los temas que afectaban directa o indirectamente. 
La nueva situación estudiantil, empezó con el alboroto requerido para la adquisicion de matrícula y demás asuntos administrativos, haciendo colas entre el chavalerio de ambos sexos, dando pié al vacile y muestras de la arrogancia de los más avanzados en el arte de la presunción y suficiencia en las lides comunicativas. Intentos de ligoteo, quedadas y bromas de todo tipo convirtió el primer agrupamiento estudiantil en un conglomerado de aspiraciones, desilusiones, cortes de tajo y mucho divertimento.  
La entrada a clase y distribución del alumnado, hizo concebir esperanzas ilusorias respecto a la colocación en clases mixtas. Vanas e inútiles expectativas de la distribución del alumnado de tal manera, porque creo recordar que al día siguiente o a lo más, dos días después; la tónica general que había imperado en la educacion, es decir; los niños con los niños y las niñas con las niñas, se instauró como si la vida hubiese seguido por los mismos pasos que cuando estaba el innombrable.
Pero él ya no estaba y la situación política empezó a dar sus primeros pasos para que el régimen heredado tuviese los días contados, iniciándose la cuenta atrás para la llegada de la instauración de la pseudodemocracia, que aunque liberara cuestiones relacionadas con leyes y derechos, la situación social y económica no cambió, y aunque los poderes institucionales cambiaran, no fue así con las personas que ejercían el poder. Como ejemplo valga que el primer presidente elegido, primeramente sustituyendo al dimitido Arias Navarro, y tras la ley de reforma política, anunciando la nula exigencia de responsabilidades a los implicados en la dictadura y no legalizando bajo ningún concepto al partido comunista;  Adolfo Suarez; que fue jefe del movimiento nacional franquista. Si, ya me supongo lo demócratas que eran todos los políticos de esas cortes representativas del voto popular, que en su mayoría estaba controlada por los diputados convertidos a la democracia del anterior régimen.
Da risa ¿no?. Pues de esos lodos, éstas mierdas.


  

viernes, 31 de julio de 2015

DE CONCIERTO. - 7... YES

 Propiedad del autor.  
                                    
                      
despertarawaken.blogspot.com.es                         


                          

A éste concierto fui con el amigo que me acompañó al de Whitesnake, y resulta curioso que mas o menos sucedió de idéntica manera, nos surgió la oportunidad de ir y sin pensárnoslo dos veces nos fuimos hasta Vallecas, al campo del Rayo y nos plantamos allí en un plis-plas.
Primeramente, nos colocamos en el césped, pero con el tiempo nos importó mas el espectáculo y nos fuimos a la grada para tener una mejor visión y perspectiva de todo lo que ocurría en el escenario. 

     



Conocía su música y estaba acostumbrado a la voz de Jon Anderson, la cuál me parece "angelical", como algunos críticos la han llegado a catalogar, llegando a alcanzar notas muy altas sin llegar al "falsete", pero oirlo en directo con todo lo que rodea el espectáculo, fue genial.






https://www.rock-progresivo.com/steve-howe-rivalidad-rock-progresivo-britanico-yes-genesis-elp/2020/11/

                     

  
De ésta gira auspiciada por un encuentro de Chris Squire y Alan White con Anderson, y el guitarra Trevor Rabin deciden formar de nuevo la banda junto al teclista Tony Kaye, lo que dio lugar a la producción del disco 90125, el que promocionaron durante la gira que dio lugar al concierto de Vallecas.



El concierto cubrió todas las expectativas creadas con 5000 vatios de sonido y 350.000 de energia eléctrica, con proyecciones  en pantallas y 25 rayos láser, y un espectáculo musical de progresiva, sinfónica y con tendencias del disco en promoción con tintes de hard rock. Gran concierto y satisfacción por haber asistido aunque faltaran dos componentes esenciales como Steve Howe y Rick Wakeman.
Cerraron la gira con actuaciones en Sudamérica, participando en el primer Rock in Rio que se celebró en enero de 1985, terminando en Buenos Aires en febrero-  


 
logiamusical.blogspot.com.es

                                        
                 7080i90.blogspot.com.es







viernes, 12 de junio de 2015

COLORES TIZNADOS

                                                                                                 
          Claude Monet. Est. de S. Lázaro. www.trenvista.net             
                                 
Perdida la mirada, volando los sueños, inquietos los sentidos y el corazón brincando entre emociones; una tras otra.
A través del cristal de la ventana, se percibía el dibujo en una imagen, de lo que con el tiempo dejaría de ser una rutina para sus ojos.
Y pensaba que algo de ella, se acurrucaba abrazando a todo lo que se iba a quedar sin su presencia.
Hacía recuento mental de las prendas y enseres que llevaría en su partida, hasta el nuevo rumbo al que dirigía las secuencias mundanas relacionadas con el domicilio, las costumbres y experiencias que la trasladaban con el viaje a la capital.
Numeraba mentalmente la ropa interior, la de abrigo también, algunos complementos y vestuario imprescindible para no tener que volver la vista atrás, lamentando su olvido y transportando la melancolía por el camino de las añoranzas.
Útiles de aseo. calzado, correaje y objetos que por su valor, tanto para uso como sentimental, nunca se desprendería de ellos. Tarjetas de crédito, documentación y libros; de éstos dos o tres para el comienzo de llenado en los tiempos muertos, duermevelas y momentos en los que por sus características, se encargaran de estimular las neuronas emplazandolas a un envite con la reflexión.
Creía que lo indispensable quedaba amarrado en el interior de la maleta, el bolso y neceser; utensilios éstos que no deberían aumentar en cantidad, mas bien por la incomodidad que suponía el desplazamiento con un número elevado de objetos; pero nunca era suficiente lo que se deseaba llevar, y siempre quedaba olvidado, aunque únicamente fuese la evocación de un suspiro.
Rondaba el pensamiento por vertientes de la memoria, que a través del recuerdo intentaba clasificar, y por orden de prioridades, destacaba los más importantes. llevando tras ellos a juicios e intenciones secundarios o nimios. Mil vueltas redundaron una tras otra, todas las ocurrencias que afloraban sin dar tregua, repasando todo lo hecho hasta ese instante.
La intranquilidad se hacía más patente, según avanzaba la caída del tiempo ; rígido e impasible, demostrando la regia potestad del que nunca pierde, del que pasen los sucesos que acontezcan, sean cuales fueren; siempre acaba ganando; transcurriendo por las percepciones sin importarle lo más mínimo , qué sentimientos se transmiten en su camino.
En apenas unos momentos, encaminaria su vida hacia otra ruleta, diferente mesa de juego con nuevas cartas. Distinto salón con jugadores extraños; en donde quizás le tocara una apuesta con clase, de categoría profesional; o tal vez entraría en una timba con las cartas marcadas y los dados trucados.
De cualquier manera, el envite era fuerte. Aún no tanto el riesgo, pues nada llevaba que la hiciese temer algo para empezar de nuevo.
Recorría su estómago una excitación agradable por la aventura emprendida, que lentamente hacía aflorar en el rostro, signos de euforia que contrastaban con un pequeño desánimo ante lo desconocido. Probablemente, no tenía todo controlado, y sin embargo, la preocupación ante los prolegómenos de la salida del viaje, era escasa. Los planes trazados, aunque tal vez un poco precipitados, estaban afianzados a una determinación inequívoca y casi irrenunciable.
Con el camino iniciado ya, iban quedando atrás, como plasmados con óleo sobre tela, la gran avenida y el bulevar central, donde paseara tantas veces arriba y abajo, la cómplice sonrisa de las miradas esquivas, el inocente vuelo de los ademanes tímidos y asustadizos, ante la perspectiva de una leve insinuación, correspondida con el frágil deseo de la ensoñación, amedrentada por la duda; o la alocada carrera de una ilusión, empujada por el perfume encubridor de la adolescencia incipiente, de los jóvenes corazones, refugiados en la ingenuidad de los sentimientos.
Cada lugar por donde transitaba, la golpearon los recuerdos que tan escondidos estaban, alborotándolos de tal manera, que la excitación se hacía presa de los sentidos, confundiéndolos.
Varios giros entre el laberíntico callejero, la apercibieron de su paso por el parque, donde el inconfundible olor de las flores y la vegetación, la retrotraernos a los juegos de la infancia; bellos, pulcros y cándidos; como el primer acercamiento sugerente de la fantasía, como la mano que ofrecía una caricia de terciopelo y revolvía el cabello bajo el aliento del cariño.
Las persecuciones interminables detrás de la fábula del cuento, donde la princesa era agasajada y envuelta en la quimera de la imaginación.
Al vuelo recogio, para llevarlo consigo, la aproximación de su niño, que sigilosamente aparecio en las imágenes retrospectivas del momento más dulce de la inocencia, aquél donde la sublimación de los afectos, se veían involucrados con la pureza de los gestos, dando como resultado, una imparable catarata de emociones, entusiastas alegorías del futuro y de un inquebrantable poder sobre todo proposito, favorecido por la maravillosa conjetura de la invención y la ternura arrolladora que iluminó el cándido beso robado, dado entre simbólicos y entrañables halagos, recogidos en una expresión insólita y desconcertante, dentro del caudal de percepciones inéditas que fueron apreciadas en aquél momento.
Todo quedaba muy lejos, como si no hubiese pasado. Allí se quedaban la alegría, la tristeza, la amistad y todas las huellas de su vida, agazapadas tras las nubes de golosinas, engullidas por el olvido y acorraladas por el desaliento que las impidió progresar por el cauce de la evocación.
De ese modo QQel tiempo volvía a vencer.
Demostraba la inconsistencia etérea de las sensaciones emotivas que soportaba el espíritu, la frágil estabilidad donde se balanceaban las voluntades, la debilidad manifiesta de la pasión, que no podía resistir el entusiasmo de los sentidos, aturdidos ante tantos indicios turbadores de la conciencia.
Así se manifestaba el señor del tiempo, apartando de un plumazo la visión de un pasado no tan lejano, destruido por el abandono.
Los sonidos, el olor característico de la estación de trenes, y los colores adyacentes del entorno, la situaban en otra magnitud de la reflexión, abstrayendola en diferentes consideraciones ante la inminencia de la marcha y que la introducían en cuestiones relacionadas con el viaje.
El espesor de la tiniebla se mezclaba con la atmósfera especial y protectora que cubría a María en su entrada al vestíbulo. Caminaba con seguridad en el porte, con la cabeza alta, la vista observaba y controlaba, considerando en cada persona un mundo, adjudicando las particularidades innatas en cada una de las más próximas que abstraídas con los quehaceres personales, inventaban otro universo donde sólo tenían cabida los intérpretes de su creación, aun afectando a las distintas trayectorias que se entrecruzaban, mezclándose e influyendo en la propia corriente que nada o poco podían hacer por impedirlo.
Luego, la contemplación estaba inmersa en los sujetos que se movían en el escenario de partida, que sin quererlo ni desearlo, encauzaban la expansión de vibraciones, distribuyéndolas en esa atmósfera que todos respiraban y de la que nadie podía prescindir, pues era la que orientaba todas las actuaciones del procedimiento aleatorio y caprichoso, dando lugar a acontecimientos insospechados, mas no por ello, queridos por el raciocinio.
Intentaba ponerse en el lugar y las circunstancias de los individuos a quienes mira, preguntandose y respondiendo a la vez de una forma automática, demostrándose que en la realidad, no difería á en mucho unas vidas de otras; la suya en particular, pudiera ser la de cualquier viajero que allí se encontraba.
Imaginando, interpretaba los pensamientos, desarrollando varias posturas que la situarían en el inicio de la argumentación, ya que el postulado se basaba en el comportamiento de la condición humana, y siendo genérico para todos, podría estar en la piel de cualquiera.
Tal vez la incomodó el cambio de asiento que efectuó con otra pasajera que solícitamente se lo había pedido, pero no en grado sumo como para que ese gesto, lo contemplara como una interferencia en sus cavilaciones.
El viaje estaba iniciado y la atención requería otras consideraciones en las que poder descargar toda la tensión que el cerebro irradiaba, en menor o mayor medida, según los pormenores a los que se había visto sometida hasta dar con el cuerpo en aquél sitio del vagón. Sentía como una liberación al descansar el cuerpo, se acomodó junto a la ventana comprobando la ganancia con el cambio.
Pretendía distraerse con algún artículo de ocio de los que disponía. Se colocó unos auriculares para escuchar el transistor, y fue ojeando unas revistas de distinta temática, que había adquirido en el puesto de prensa de la estación. No consiguió centrar la atención en la lectura, ni en sus imágenes; alcanzando su interés, las páginas del periódico que la informaban de la crisis internacional ocasionado por el desarme iraquí, así como las noticias relacionadas con los accidentes de circulación ocasionados a raíz de la vuelta de las vacaciones navideñas. Lectura ésta, que la causó un desaliento emotivo que la hizo cerrar las páginas del periódico y reflexionar sobre la fugaz estancia de la vida.  Procuró seguir las imágenes del televisor oyendo su radio, sin conseguirlo al tratarse de una película y ver ésta sin sonido no la atrajo. Desistió  de la ocurrencia por inviable y optó por ir a la cafetería para descargarse del aburrimiento que la ocasionaba la monótona singladura que el tren desplegaba entre los  anónimos ocupantes.
Mientras consumía el refresco de cola que había pedido, buscó acomodo en un taburete, contemplando el paisaje por el amplio ventanal que invitaba a la reflexión, ausentandose momentáneamente del escenario donde actuaba y protagonizaba una escena que hasta ese instante se desarrollaba según el guión establecido.
El campo llano y fértil de la huerta, le iluminaba los ojos de colores, difuminados por la fría tarde de un cielo grisáceo, que ya aventuraba su retorno a la oscuridad empujando lentamente  a la luz.
Mientras que ya se veía inmersa en la ruta hacia lo desconocido, afrontaba de una manera más acentuada, el vacío que iba dejando el primer indicio de la soledad.
Una separación consciente y sensata del entorno, que llevaba como premisa la aflicción de los sentimientos, la incipiente nostalgia del pasado y la evocación inequívoca de los seres queridos, de la tierra; que se iban quedando rezagados en la carrera progresiva de las ambiciones. Entendia la marcha como algo natural en el devenir de las circunstancias, queriendo comprender la duda ocasionada en el círculo familiar y de amistad, que no veían motivos suficientemente claros para ésta despedida. Tras de sí, dejaba un mundo de cariño y buenas intenciones, que laboriosamente podría sustituir por otras más enriquecedoras; pero el alma inquieta exigía descubrir nuevas distancias, luchas ajenas, también derrotas, nuevos encuentros de valor, de osadía, un nuevo estímulo que la hiciera levantarse de los templos ya construidos. Necesitaba darle impulso al corazón anquilosado por la costumbre de una situación cómoda, redundante en la satisfacción anodina, sin atractivo.
Con el imparable avance del gran gusano metálico por las sólidas guías de acero, progresaba el objetivo deseado, al alcance de la convicción mostrada en el empeño del cambio. Se trasladaba hasta su asiento en el vagón asignado y percibía, cómo perezosamente se alejaban los últimos destellos de la luz tras las nubes, robando la claridad del día.
Pisaba la oscuridad a la cola del tren, aunque no intervenía en el estado anímico de la concurrencia, por la iluminación de la luz artificial que les hacía falta para sentirse confiados y entregados en sus actividades. La televisión seguía mostrando imágenes sin voz, que algunos pasajeros observaban con atención enganchados a los auriculares. Dos aparentes ejecutivos manejaban datos y pulsaban constantemente un ordenador portátil, como si estuvieran todavía en la oficina; un niño pequeño enredaba con su madre para intentar suprimir el cansancio que al menor le ocasionaba el viaje, con palmadas, le mostraba juguetes y distraía su atención con algún objeto llamativo, sacando de la imaginación cualquier ocurrencia para que no alborotara y molestase. Se escuchaba la conversación de dos señoras hablando sobre los motivos de su viaje, una de ellas era la mujer que anteriormente permutó su asiento con María.
Apareció el interventor de improviso y mecánicamente fue objeto de la atención mayoritaria de los presentes, forzando en éstos, la búsqueda del resguardo que les situaban allí donde estaban. Rápidamente se dejaban ver las carteras de documentación, tarjetas de identidad, monetarias. Las cremalleras corrían velozmente; la actividad que antes dormía plácida, despertó a los viajeros, que verificaban el lugar escondido o próximo donde había guardado tan preciado boleto que otorgaba un número y un servicio.
El agraciado uniforme del operario ferroviario causó en la chica una muestra de simpatía, proporcionando una moderada templanza   al flujo de designios que alborotaban las ideas.
Aceptadas las características del empleo donde iba a ejercer sus aptitudes, y considerando que la vivienda se la ofrecía su hermano, precisamente cercana al lugar de trabajo donde iba a iniciar el recorrido de todo lo nuevo que acontecería. Esencialmente, eso es lo que ella quería. Otras historias en distinto lugar. No veía el por qué le iba a ir mal. Confirmando la experiencia adquirida en la profesión que desempeñaría, y la aceptable responsabilidad que otorgaba a cada caso en que la había tenido que aplicar, se veía ejerciendo satisfactoriamente.
Joven, bien parecida, empleando un término modesto para no alterar el ego; que ante nuevas situaciones precisaba tranquilidad y reposo, por lo que pudiera pasar. Y simpática. Eso no se lo negaba. A fin de cuentas, no debía faltar ni sobrar para que el resultado fuera justo, porque si no; la operación traería como consecuencia un error y el remordimiento aparecería, recriminando los hechos, regañando el intelecto por tan poca consideración con una misma, causando malformaciones ilusorias que darían al traste con la proyección de los deseos que se intentaban conseguir. 
Aunque la verdad mostraba que la realidad era eso, una malformación de todas sus ilusiones.
Llevaba una esperanza prendida del corazón. La seducía sobremanera, la emancipación física de las personas, y del entorno urbano; que la retenían instintivamente a una vida regalada, pero en absoluto querida; y estableciendo una paridad, no estaba dispuesta a verse enquistada en un mundo donde todo aquello en lo que ella soñaba, lo iban alcanzando otras personas, limitándose sencillamente a observar cómo lo hacían.
Eran claras las intenciones y disponía una predisposición favorable que reunía las circunstancias que facilitaban y alentaban a su vez la marcha de casa, pues la realidad no daba más de sí.
No importaba que fuese cautelar la autonomía a la que iba a acceder. Necesitaba el apoyo de Juan y en él se recostaría, junto a la mano tendida de una sonrisa.
Acercándose estaba el revisor, comprobando el billetaje de las dos señoras, que seguían sin pausa el relato iniciado al emprender el viaje.
-Buen viaje. – Dijo el hombre uniformado.
Estrepitosamente, un ruido ensordecedor precedió al desorden que ocasionaron los saltos y golpes involuntarios que los ocupantes sufrieron por la fuerza con la que se expresaron la gravidez junto a la velocidad.
Nada se pensaba. No había lugar para el entendimiento. El sentido abandonó la conciencia y donde antes campaba la armoniosa sintonía de la quietud, ahora ocupaba su lugar el grito desgarrador, el quejido aullado, el dolor que emergió de cuerpos quebrados, violentados por la atronadora convergencia de factores dañinos causantes del accidente.
Apareció  la incredulidad brincando de rostro en rostro, todos desencajados, ensangrentados la mayoría, rotos, semblantes anonadados, estupefactos e inconscientes; caras desposeídas de la alegría, fatalmente desamparadas por el gozo, desgraciadamente conducidas hacia el dominio del infortunio, donde suele habitar el desastre, jactándose de su enorme poder.
El caos tejió  una gran tela de araña, recogiendo la disposición de personas, objetos y maquinaria; lanzados cual símil del juego con cubilote y dados, proporcionando una trágica visión a quien pudiera alzar la vista.
Las nefastas  consecuencias eran reales, aunque la imaginación trataba de engañar a la conciencia, mostrando alucinaciones y delirios inconexos, rocambolescos e inconcebibles.
María  no se ubicaba con respecto al lugar donde antes se encontraba. La sangre manaba de la cabeza pintándole con lágrimas rojas una parte de la cara. Un brazo magullado y más dolorido estaba con los huesos rotos, bailándole la mano incongruentemente. El terrible impacto dejó en su cuerpo fuertes e inaguantables dolores, con gran dificultad intentaba sentarse en el suelo, apoyándose en un objeto que no reconocía, a su lado vio una tarjeta de identidad con la foto de la mujer con la que había cambiado el asiento; la cuál, yacía junto a su amiga, las dos fallecidas, entre el amasijo de  metales causado por  la catástrofe.
Ignorando tal hecho, se congratuló de seguir con vida, alentando en su corazón el deseo de que el suceso hubiese sido lo menos pernicioso posible para el resto de viajeros. Observó y contempló, cómo a su alrededor danzaba con total desparpajo la desolación, esparciendo sobre todas  y cada una de las personas allí presentes, la inquina de la calamidad.
Pobres rostros, desdichados cuerpos, infelices miradas; que no lograron acertar la pregunta ante la visión de esos ojos obnubilados que ofrecían tan devastadora contingencia.
Pobres lágrimas, desdichadas heridas, infelices anhelos; destrozados por el inoportuno cruce de voluntades nefastas y desgarradoras, que aparecieron sin aviso de llegada y una presentación aunque conocida por su brusquedad y efectos, nada deseable.
Pobres sonrisas, desdichados lamentos, infelices venturas; ahogadas por la sinrazón de lo previsible.
Cubriéndose el rostro, lloraba desconsoladamente, intentando comprender la jugada del destino que sin explicación alguna y por sorpresa, pretendió terminar la partida en su primer movimiento, dando jaque mate.


 

martes, 12 de mayo de 2015

EL FURMBOL ES ASINA



                                         
                                          

Con lo que me gusta el furmbol y todavía no he comentado nada que relacione mi opinión y posición como aficionado. A parte de las publicaciones que he relatado sobre la infancia que el furmbol tenía como idea la base principal, pero hasta el momento nada de mi posicionamiento personal al respecto del deporte nei, nei de nada. Vamos que será el más común y famoso entre la muchachada del mundo mundial, excepto países con otras culturas y aficiones; pero por regla general los acontecimientos futbolísticos son de los que mas pasión despiertan en el aficionado. 
Y moi, como animal selectivo de la especie arbórea bajada solamente para dar patadas a un balón, soy el claro ejemplo del espécimen que aunque gustoso del toque y control futbolístico, me falta el gen fanático que hace del ser un energúmeno sin criterio, al igual que estoy falto del mal humor posterior a la pérdida de cualquier logro del equipo del que se profesa devoción. Me jode, pero sin penetración, haciendo mas suave el transito a la decepción.
Lo principal de una postura con respecto a cualquier tema, creo que es posicionar desde el principio la idea que sustenta el ideario deportivo de uno. Y éste no es otro que:
- Soy madridista del Madrid, madrileño blanco, aunque en sus equipaciones secundarias opten por colores de venta para posibilitar el marketing, no me molesta seguir a otros colores comerciales. El gusto esta en el juego, lo demás es superfluo.
La doctrina futbolística nos lleva a conseguir la victoria metiendo mas goles que el contrario, así que si los errores arbitrales, de futbolistas, o de cualquier particularidad que influya en el resultado final, será mera coincidencia con el libre albedrío que otorga la disputa y lucha por la posesión de un balón, y mas el deporte  éste que tiene la incógnita del gol en el último minuto de penalty injusto; teniendo la casualidad y causalidad como exponentes de las distintas circunstancias que pueden darse en el transcurso del juego, teniendo como principal premio, conquista o éxito; la entrada del balón dentro de una portería con redes que se encarga de guardar un jugador que puede tocar la pelota con las manos.
Así y todo, no puedo estar molesto por mis aficiones futbolistas, pues como en la vida, se es de una manera u otra y no hay tu tía a cambiar las posiciones establecidas de las cuales se nace. 
No se hace uno de un equipo por que sí, siendo de la opinión aquella que si uno se hace de un equipo es por interés o por causas derivadas de cuestiones subjetivas que se han tenido en cuenta a la hora de posicionarse entre uno u otro equipo. Es el niño el que elige el equipo, y como tal no miente ni se engaña a sí mismo, pues su pureza le mantiene dentro de unos margenes difíciles de variar para posicionarse ante la victoria de uno u otro contrincante; y aquél que lo haga, no será fiel nunca a un equipo, ni a una idea futbolística, pues la inocencia será infravalorada a la hora de elegir una concepción de la vida relacionada con el furmbol. 
Mi relación con este deporte, desde pequeño ha sido muy estrecha, creo que mi mayor frustración, que no fracaso; ha sido no haberme dedicado a él, de una forma más intensa. 
He jugado lo que he podido, pues mi  trato con la pelota, ha estado supeditado a los interes estudiantiles y laborales, donde he practicado con asiduidad la práctica balompédica , dadas las situaciones que han podido influir para la práctica de tan deseado deporte, que me ha hecho poder participar en competiciones regionales a nivel juvenil poco tiempo, por motivos profesionales y a causa del accidente que me dejó sin patear ya una bola hasta los confines.
Desde el equipo que teníamos en el instituto (interno) que por cierto cada año formábamos un equipazo que solíamos dar unas lizas a los rivales de muy buenas formas, goleando asiduamente y dejando una impresión muy alentadora. Pero los equipos éstos se renovaban todos los años con nuevas promociones y los jugadores no teníamos continuidad. 
En el tercer curso, me fui a jugar con 17 años en el C.D. Aviación, donde estuve un año, con buenas sensaciones pero aunque jugaba, no entrenaba con ellos al estar pillao dentro del instituto y no tenia una relación de grupo que me hiciera sentir mas integrado. Pasó la temporada, un año de curso estudiantil,  hasta que me piré para Lérida a visitar al abuelo de Heidi.
Después en los distintos equipos de la academia, y practicando todo tipo de deportes, al ser pieza básica la preparación fisica en la actividad que llevaba a cabo para la finalizacion de los estudios.
Pero con el paso del tiempo,   llegó el momento en el que tras un accidente, se rompió la base que sujetaba tan buenas sensaciones con la pelota.
Hoy me contento con postrarme delante del televisor y disfrutar de los grandes jugadores y partidos. Es que con Poquito me conformo, pero me gustaba más Fofó. 

viernes, 8 de mayo de 2015

VIAJE ALLENDE LA CARRETERA

                
                       Fot. propia.                           



El camión parado enfrente del portal, auguraba una circunstancia fuera de lo normal. 
Hacía unos dias que se sabía de tan pronta decisión, había sido tan inesperada que aún no se tenía conciencia, ni la asimilación de tal situación se interpretaba como inminente, aunque los hechos eran diferentes y según corrían los días, avanzaba el momento de tan incrédulo acontecimiento, deseando que la verdad escondiera otra realidad distinta, postergando la venida de  tan inexorable desenlace.
Las maniobras para el llenado de la caja del camión fue algo imprevisto y rápido pues aunque real la situación; las cajas y utensilios para cargar ya habían sido preparados y estaban a disposición de su portabilidad para ser introducidas en el camión.
La tarde llegaba a su ocaso con todos los enseres dentro del camión, acarreando toda la identidad del hogar en el que tantas vivencias y recuerdos acumulados se iban con el porte dentro del vehículo. Todo acomodado como fiel rompecabezas que encajaba sus piezas sin alterar la composición que pudiera dar al traste con una combinación que estructurara fatalmente la óptima ubicación de los enseres.
A punto estaba de cerrarse la compuerta trasera del remolque que tendía a encajonar todas las pertenencias que saldrían amotinadas a otro lugar, allá en los confines del mas lejano lugar, donde ni la imaginación pudiera situar, ni el mapa augurar unas pistas con las que poder orientar, pues el pueblo fue la frontera de cualquier lugar, por muy cercano que se pretenda situar; éste pueblo, en éste barrio, donde la casa hincaba sus entrañas en la tierra, había  sido donde se formó toda fantasía e ilusión definiendo el mundo cercano a la realidad, cubriendo toda linde sin capacidad para soñar con otras tierras o con otro lugar. 
La luz del atardecer pronto se oscureció, el invierno atrapó la claridad tan pronto como el frío y helado viento acompañaba la aparición de la tímida luna que iba apareciendo entre estiradas y finas nubes anunciando el final diurno que acongojado se fue escondiendo entre lomas ,dejando escapar tenues luces anaranjadas encubridoras de los colores que representaría en el otro lado terrestre que presto estaría a iluminar.
Los últimos besos, los definitivos abrazos que inútilmente se aferraban para no soltar esas cadenas que difícilmente harían olvidar los momentos pasados junto a la dicha por disfrutar la compañía entrañable y que habría que superar; ojos humedecidos por lágrimas de sentimientos compartidos de alegría y separados por la distancia que a punto estaban de otorgar el camino que presto se iba a comenzar.
Partido por el dolor, la pena, la incertidumbre; pero también por una esperanza que comience  con los sueños inmaduros, recién surgidos, ilusorios de una vida mejor, o por lo menos, mas accesible a las normales pretensiones de supervivencia.
Arrancó el camión con las miradas puestas en los que contemplaban la marcha. Incrédulas miradas de congoja ante la incertidumbre de un viaje sin pretensiones, de abandono, de inquietud, desasosiego, de indecisión ante lo desconocido. 
Lenta marcha y augurios lejanos de una nocturnidad fria y ruda, como el camino emprendido entre campos en la llanura de la duda.
Entre la noche encubridora de los caminos, las plantaciones de cereales, las vides, los olivares siniestros, confabuladores del desconsuelo, la tristeza y el desaliento por tan agradables sentidos perdidos, abandonados sin remisión, en cada loma cruzada, en los pasos por poblaciones desconocidas, tenebrosas en la oscuridad, escondidas tras los muros de un amargo sentimientos de aislamiento y deserción.
La gasolinera entre molinos de viento, pausa el trayecto, con un frío glaciar, congelando las lágrimas por el recuerdo perdido y la negativa de un regreso imposible de otorgar, confabulando la tiniebla el inmenso desamparo de una desilusión apesadumbrada.
El trayecto cansino, amodorra los sentidos, anulando la percepción de los colores que poco a poco van clareando las intenciones de un viaje deseoso de llegar a su fin. A cada cambio de rasante, el alumbrado que se divisa, apuntala la ilusión de la llegada con el destino final que encumbra el ansiado desenlace. Otra percepción engaña el pensamiento, pues los núcleos poblados se hacen comunes y la proximidad del fin del trayecto, aparece cada vez que sus luces descubren otra población, decepcionando la espera, pues no es el destino esperado, confundiendo la razón y abatiendo el deseo que encumbre una esperada situación.
El abandono de una vía general, introduce el vehículo entre parques y calles que auguran la localización del lugar donde presto esta el camión a parar.
Craso error, se trata de una equivocación, que hace volver a deshacer el camino recorrido, para a la siguiente pista entrar a la via adecuada, que tomando otras desviaciones y calles entre señales indicadoras, preguntando a lugareños y acertando con las calles por donde entrar, llegamos a una esquina del cruce donde las obras de edificios están en su inicial actividad, dada la hora de llegada a tan singular barrio, que su construcción está empezando a germinar.
Leganés, crece a golpe de familias extremeñas, andaluzas y madrileños, buscando precios de viviendas que en su ciudad no pueden pagar.
En la esquina donde se sitúa el edificio que nuestra vivienda ocupa la cuarta planta, está mi padre esperando, mientras nosotros bajamos del camión, tomando posesión del terreno que sería nuestra mansión.                           .