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miércoles, 8 de abril de 2015

AUTORIDAD

            
                      Pavo real. www.galiciaunica.es            

                               
Envueltos por el estallido de los colores, que sestean apaciblemente en la túnica del viento, la apariencia de los tonos, divertidos y burbujeantes, acaparan la atención de las miradas, que aún desean ver la apacible convivencia de destellos que se desencadenan por la metamorfosis en que se ve involucrada la tarde.

El agua borbotea sin ninguna acritud, quizá algo menos alegre que en la mañana, pero con la misma ambición de poder llegar a todos y cada uno de los súbditos, que esperan con impaciencia, la llegada de tan preciado maná. Se mezcla su sonido al chocar contra el suelo desde el caño, con la sinfonía melódica de los cantos, graznidos, gorjeos y demás estímulos sonoros que los habitantes de tan precioso lugar ocasionan al hacer entrar el aire en los pulmones.

Moldea el astro rey los rayos que envía llenos de energía, para que cada preceptor satisfaga sus necesidades según la cantidad que le sea precisa.

También surgen quejas de los menos afortunados, pues aunque tienen su ración asegurada, querrían no someterse al poder que la sombra ejerce sobre ellos.

No cesa la caída en picado del agua, cada gota empujando a la siguiente, haciéndose un espacio, deseando salir de la formación, y poder vagar libremente, pasando por las fases de su inmortal vida hasta adquirir de nuevo la condición de líquido en otro lugar, en otro tiempo. Pero todavía quiere disfrutar con el salto al vacío, con la fragmentación de sus moléculas al chocar contra la tierra, que sin dudar absorberá toda la necesaria, destinándola por medio de sus cauces subterráneos del cuerpo que los ramifica, hasta saciar la sed de los que esperan inmóviles para poder desarrollar sus cualidades.

Quizá la caída de una hoja, arrojada sin escrúpulos por el brazo déspota que la sujetaba al tronco, no sea suficiente motivo para alterar la candorosa armonía, que entre susurros y arrumacos cobija bajo sus grandes alas a la placidez del movimiento que se ejecuta, mientras la hoja va a reposar danzando el baile de los desterrados.

Calma completa, donde la ingravidez sumerge a los estados preceptores en reliquias de la animación, entes incapaces de representación expresiva con el ojeador, que sin duda contempla la absoluta desidia en que se halla postrado el entorno. Más aún, la estancia en dicho paraje, adormece el ánimo y embota el discernimiento, colocando al raciocinio en un rincón, sin ningún motivo por el que deba salir de su escondite.

De pronto, sin previo aviso, explosiona el silencio.

La detonación acapara los sentidos. Sin haber renunciado al tenue brillo de la tarde, la alegría de los árboles, junto al encantamiento de las flores, excitan las voluntades de los allí congregados y despiertan del letargo en que estaban sumidos, poniéndolos sobre aviso y tratando de encontrar el origen de dicha conmoción en el statu quo establecido jerárquicamente. 

En una gran exaltación de sensaciones, el clamor de repulsa contra la alteración, rápidamente se propaga desde la hierba más pequeña hasta las ramas de la floresta, donde, entre los contrastes centelleantes de la luz, vigilan alerta de cualquier intromisión las protectoras de la paz y el sosiego.

Con el mutismo roto, la tranquilidad hecha añicos, y ante la entonación provocada por el allanamiento de la intimidad de un sujeto del clan, sólo cabe esperar la excelente respuesta  dada para garantizar el orden y hacer frente a la amenaza de disturbio.

También se modifica el aspecto pictórico, los verdes con los amarillos, junto a los ocres y todas las demás tonalidades de la amplia gama lumínica intercambian posiciones y preparan el lienzo donde tendrá lugar el nuevo estado de excepción.

Dentro del monótono desorden, configurado por la expectativa de la contemplación, alternando cada peón en el lugar preferido por cada uno, en aquél en el que el escándalo dio comienzo, unos en su puesto de vigilantes, otros simplemente dejando pasar el tiempo, aprovechándose de él.

Un chillido potente y a la vez eficaz por la respuesta dada, de gran impacto entre los receptores, que sorprendidos, observan como se quiebra el momento de máxima relajación y quietud dentro del vergel. 

Impulsado por el grito de rechazo, el agresor, o causante de tan inadecuada actitud, para en sus solicitudes y ante el despliegue que está iniciándose, opta por ir a retaguardia.

Dispuestas las huestes, van tomando posiciones de control, despejando la zona del conflicto e intimidando con su presencia, aletean rápidamente y en número establecido de antemano, se disponen en disposición preventiva, camina avanzando la guardia de seguridad, que persuade a cualquier elemento que intente atentar contra la máxima autoridad, que con aire arrogante y porte magnánimo inicia la escenificación de la obra que se ha organizado.

Enjundioso se muestra en su plumaje, la muestra de superioridad recalca aún más su pavoneo. La cabeza alta, la cola desplegada exhibiendo las pinturas de guerra, el paso firme pero pausado hace que el grupo esté atento a su reacción. Toda la partida percibe que se ha puesto en marcha el engranaje disponible para amonestar al infractor. 

Un giro del cuello vira la cabeza con una mirada penetrante, el semblante autoritario y con una leve entonación, da orden a sus lugartenientes para que estimen lo oportuno en ese momento, haciéndose cargo cada uno de la facción asignada y asuman las medidas oportunas a tomar en cuenta para la garantía de posibles ataques inesperados, así como en la estrategia que se debe tomar ante un caso como el que los tiene movilizados. 

Una vez alcanzado el estado adecuado para obrar según las condiciones óptimas y conseguir el objetivo deseado, emprenden todos el acercamiento a la zona en conflicto.

Las hembras del clan dominante, deseando adquirir notoriedad en la contienda, muestran con su exhibición la hegemonía imperante en el territorio sometido a la dictadura de la fuerza, amparada por la corpulencia de la especie. A la vez que satisfacen el ego, acompañan, manteniendo las distancias preceptivas en todo protocolo, para preservar la seguridad propia a todos los integrantes de la comitiva ejecutiva.

Protegidos los flancos por las fuerzas aéreas dispuestas velozmente en tierra, se colocan alternativamente ocupando la mayor extensión de terreno posible, formando dos hileras con mayor número de elementos en la superficie más espaciosa. Quietas, inmóviles, como vigilantes que son, su atención se centra únicamente en la protección de su jefe, mirando con unos ojos que fotografían rápidamente cualquier atisbo  de reacción en el contendiente.

La especie superior, alardeando de envergadura, jactándose de la mayor cantidad de milicianos y presumiendo también de su mayor belleza, avanza con el macho más engalanado a la cabeza, emitiendo sensaciones de sumisión a todas las especies pobladoras del enclave, en especial a aquella que ha osado alterar la convivencia, los parientes pequeños y no tan agraciados físicamente como ellos.

Imposible oír algún sonido fuera de la comitiva que pueda inducir a desacato, únicamente se palpa la tensión que embarga al sujeto causante de la felonía. 

El nervioso y descarado galán que ha osado enfadar a la estirpe soberana, asume cabizbajo el órdago lanzado, aunque no esperaba tal movilización ante la propuesta amorosa hecha a la hembra que dio el toque de alarma y enloqueció el vergel.  

Esperando, percibe ondas reductoras de su atrevimiento por haber trastornado el plácido ciclo acogedor del atardecer. Se hace interminable el asedio, pues la escolta represora se toma su tiempo hasta llegar al punto donde se encuentra el violador del código instituido, haciéndole perder toda probabilidad de salir airoso del lance.

Los momentos siguientes, son esclarecedores para la resolución del problema. El patriarca junto a los guardias encargados de la protección llenan el espacio circundante, enfrentando su voluminoso y amenazante cuerpo, a la rechoncha, graciosa y acongojada redondez de la especie en aviso. El jefe del clan mitiga la soberbia del encausado con movimientos del cuello y cabeza, a la vez que emite unos signos ininteligibles para cualquier extraño y desconocedor de las señales propias de las especies ocupantes del terreno. Todos los gestos y señales son muy significativos para el receptor del mensaje. También ayuda la autoridad recriminadora con la que se ha expresado dicho mensaje, el cual parece poner las cosas en su sitio.

No hay nada más que hacer ni que exteriorizar para solventar la escena. El entorno está expectante, cabe la posibilidad de algún gesto o acto que no acate la resolución dada y se intente prorrogar la disputa con acciones de rebeldía. Al macho provocador, le secundan sus parientes a corta distancia, esperando la sublevación que pueda dar lugar la negativa al acatamiento de las advertencias que se han puesto en liza.

Comprendido y aceptado que tanto en número como en envergadura, la acción es inviable, se toman las medidas oportunas para que ningún afín a la causa dé el paso que los lleve a una derrota humillante, violenta y tal vez aniquiladora.

Ante la impresionante y demoledora demostración de poder, el sometimiento disciplinario por parte de la pequeña ave es notorio, instando en el grupo la sensación de relajación, desapareciendo la tensión vivida hasta ese momento. 

Mientras tanto la hembra intimidada, agrupada con otras compañeras de confidencias, se ve arropada por ellas en cuanto sienten su indignación por el trato recibido por el macho. Aquella se muestra indiferente y denota una cierta tristeza creyendo que todo podría haber sido de otra manera, tanto en la forma de inicio del galanteo, como en la resolución del problema. Deambula lentamente, picando de aquí, rastreando por allá, parece no prestar atención a lo que está ocurriendo. Únicamente trata de esconder el sentimiento que le ha despertado el arrogante macho al solicitarla, inapropiadamente, es verdad, pero que la ha hecho estremecer.

Un grito potente, grave y terminante, hace cumplir la subordinación y con los gestos que se exponen a la vista de todos se restablece el orden que había sido interrumpido por la amenaza de violencia.

Rápidamente finalizan los actos representados por éste elenco de magníficos actores, no sin antes darse por enterados de quiénes son los que imponen allí la ley.

Antes de abandonar la escena, el más viril, entonando el himno de autoridad, humilla al emplumado de gris y le menosprecia. Despacio, las hembras se retiran con un pequeño alboroto, como si comentaran lo sucedido y los aspirantes al trono entonan en sus cuerdas vocales el canto de la victoria, manifestando así la superioridad de la raza y grandeza de la especie. El jefe expresa el dominio encaramándose en lo alto de la rama de un árbol. Las palomas abandonan su puesto de guardia volviendo al lugar donde les había sorprendido el escándalo.

Cuando regresa el silencio y la quietud, nadie hubiera podido decir que ésta historia acaeció realmente.

viernes, 27 de marzo de 2015

MACUALA

Parque de Huéscar. Acrílico.




Huéscar, plaza de toros. Años 70. -                   Puerta del sol
conocelasfiestasdehuescar.blogspot.com.es/


                                 
                                             

 La cartera cogida por las asas se balanceaba lentamente al compás de los pasos. Salva miraba en todas direcciones intentando localizar a algún amigo, con quien pudiera recorrer el camino hasta las clases, donde los habían situado el año anterior, alojando los cursos de 2º y 3º, en el edificio de la O.J.E.
Lo mas peculiar y novedoso de allí, era el espacio dedicado al recreo, que contaba con un campo de balonmano, el cuál también era empleado para jugar el hockey sobre patines, que de vez en cuando practicaban jóvenes, que se suponía eran del instituto, o de la organización juvenil que tenía su sede allí. De éste deporte poco conocimiento se tenía de él en aquellos lares y menos a esa edad infantil donde saliendo del futbol, no era muy habitual encontrar acomodo en otros juegos de equipo.
La gran casa señorial, habilitada para la ocupación por la asociación juvenil del régimen y como centro escolar, estaba situada junto a la carretera de Granada, donde comenzaba haciendo intersección la via a Castríl. Al lado de ésta calzada estaba situado el campo de fútbol, que tenía las dos porterías ocupadas con sendos grupos de chiquillos disputando la posesión de una pelota, en el suelo los libros y otras carteras; debajo de la arboleda de la carretera, junto a la acequia tras una portería, estaban otros niños sentados intercambiando cromos, ajenos a cualquier bulla que pudiera alterar la concentración que requería tal negocio. La escandalera del juego, alborotaba la escenificación teatral representada en todo lo largo y ancho del terreno dedicado al futbol y empleado como antesala al patio del colegio que tan próximo estaba.          Las niñas en grupos, ya se acercaban caminando entre sonrisas y cuchicheos, unas correteando detrás de otras, solas iban algunas hasta su colegio, que tan cerca del otro estaba. También se saltaba a la comba, siendo los últimos saltos, rápidos y continuos; una detrás de otra saliendo corriendo según se abandonaba la cuerda.                           
Salva se había juntado con Mirón, que rondaba la puerta del colegio sin definir su entrada, merodeando las proximidades, yendo de un ciprés a otro, recogiendo las pequeñas piñas redondas que al alcance de la mano tenía de árboles tan estilizados.
-¿No has traído los libros?. Preguntó Salva nada mas verle, tirando piñas contra objetos en el suelo.
- Que va, no pienso subir a la escuela.
- ¿Y te vas a quedar aquí?-
- No, me voy p'al río, ¿te quieres venir?.
- Ostias zagal, no me atrevo, si se entera mi padre...
- No se enteran, el maestro no dice nada.
- Joer que no, vive junto a mi casa y como se le ocurra decírselo, no veas la que se lía.
Cogían los dos, pequeños frutos de los alargados árboles; que tras tomar diferentes marcas o sitios donde apuntar, tiraban con clara intención de acertar más veces que el otro, acabando escondiéndose y tomándose ambos como objetivo entre risas y correrías, que tras unos tímidos lanzamientos y viendo que el momento de entrada a clase se acercaba, dieron por finalizado el enfrentamiento.
Mirón le comentó a su amigo la conveniencia de irse  y pasar la tarde recorriendo caminos y jugando. 
Las proximidades del centro escolar ya estaban poblándose de zagales según avanzaba el tiempo, y sin casi margen de respuesta, Mirón conminó a su amigo a seguirlo mientras se alejaba lentamente haciéndole ver su marcha.
En un rápido movimiento de respuesta al envite de su amigo, el Salva salió corriendo detrás de él, haciendo de ésta reacción una carrera hacia un lateral de la carretera con dirección al parque, donde buscarían cobijo bajo la arboleda.
Fugaz fue la entrada al ajardinado espacio entre las risas nerviosas y la gran excitación causada por tamaña osadía cubierta de arrojo y determinación, fuera de la habitual conducta de los dos. 
Dentro del parque entretuvieron el tiempo haciendo correrías entre el laberíntico jardín y escondiéndose con sutileza para evitar las miradas de los paseantes y alumnos del instituto cercano, que también pululaban por allí en el edificio próximo al cuartel de la guardia civil.
Jugaban y se entretenían sentados en los polletes de la pérgola que cruzaba en anchura la longitud del vergel, separando un parterre floreado y con distintos tipos de árboles representativos de la zona; de otro sector mas ajardinado con setos altos cercando a diferentes especies formando una majestuosa arboleda donde la altura y gran follaje, envolvian una plaza central con kiosco, palomar y zona de juegos. Próxima a los columpios, se podia ver  entre las serpenteantes sendas que escondían los setos, la efigie labrada en piedra de una cabra postrada, compañera inseparable y representativa de la historia del parque.
El tiempo parecía no pasar hasta que determinaron abandonar la idílica estancia, que entre correrías y sigilosas escondidas para evitar el oteo de algún cazador susceptible de llamar la atención a dos niños fuera de su hábitat en horario colegial, llegaron a la escalinata que daba acceso al arco amurallado de la Torre del Homenaje, y tras cruzarle llegaron a la puerta de la plaza de toros, que por algún motivo desconocido se encontraba abierta, posibilitando el paso hacia el interior que sin miramientos ni vergüenza realizaron con rapidez y sigilo. 
La nula visión de persona alguna que les hiciese retroceder en sus pasos, les envalentonó hasta bajar al coso de la plaza que tras un salto desde la grada, de la que su pared vertical hacía de barrera del ruedo, en la que habían otras protectoras de situación para los diestros con salida de escape. 
La ilusión era desbordante, el juego se hizo imaginario y fantasioso, acrecentado con el hallazgo de una cornamenta de toro que redondeó la escapada y le dió sentido a los pases de muleta que comenzaron con la fascinación y encantamiento de una experiencia ilusoria, desarrollada con todas las artes que intervinieron en la corrida de toros de aquella tarde inolvidable que incluso tuvo una salida a hombros; aunque simulada y figurada, pues la cruda realidad les hizo salir corriendo velozmente por uno de los vomitorios de la barrera mas cercana, al verse descubiertos por los responsables de la custodia de la plaza que a voz en grito le recriminaron su estancia en dicho lugar.
Llegaron rápidamente a la puerta de salida, como el espontáneo que huye de sus captores cuando intenta hacer una faena, faena que ellos sí hicieron y finalizaron con las dos orejas y el rabo de un toro fantástico, fabuloso en su comportamiento ante los envites de la muleta.
La huida imprevista de la plaza y el tiempo transcurrido, les hizo coincidir con el normal tránsito de la salida del colegio, que veìa a los niños marchar hacia sus casas o entre juegos disfrutando de la libertad colegial; coincidiendo con la apertura de establecimientos junto a la rutina diaria de la población que hacía camuflar la aparición con el resto, naturalizando su presencia en el entorno creado. 
Pletóricos de felicidad, se despidieron en el mismo lugar donde se encontraron, entre alegres sonrisas y exultantes de regocijo junto a los cipreses. Salva corría agitando la cartera al ritmo de las veloces pisadas, en la que se escuchaba el violento desplazamiento del plumier, de los libros y el bloc de escritura, donde seguro haría una reseña de tan estupenda tarde de macuala... y novillos.
                   
                

martes, 27 de enero de 2015

UN PARQUE A TU VERA

Jarandilla de la Vera. Parque.



Se encuentra un bello parque entre montañas
narra el paso del tiempo, conmovido
se muestra cansado, parece herido,
grandes batallas cubren sus entrañas.

El silencio esconde cualquier latido
surge la armonía de la belleza
un águila imperial marca nobleza
ilustre linaje, feroz olvido.

Las formas exhiben gran delicadeza
los colores, dibujan su expresión
alegre, y hacen una constelación,
de suaves matices en la maleza.

Es un deleite su contemplación
y ante esa virtud, divina paciencia
nada le sujeta a la indiferencia,
el aire sopla y entona una canción.

Verde limón iguala su cadencia,
distintos tonos ocres lo embellecen
junto al rocío los frutos crecen
agradable emoción de la querencia.

Los sentidos de la vida amanecen
despiertan sonrientes, bailan las olas
penetra la luz en las caracolas
pequeños cuerpos que aún adormecen.

Los árboles serios, con largas colas
gigantes, altivos, tan orgullosos
explosión de contrastes luminosos
a la vera sueñan las amapolas.

En un vuelo de ademanes jocosos
las aves inician el movimiento
transparente agua, mana sin tormento
ronroneo de roces amorosos.

Las piedras acatan el juramento
que en su día pusieron los señores
coronando futuros esplendores
deseados en cualquier estamento.

Planeando lucen los ruiseñores
que vendrán con las voces que los llaman
las plumas reales del pavo aclaman
la sonrisa pícara de las flores.

Un estanque abandonado reclama
el esplendor y dicha de otros cuentos
que concedió aposento a campamentos
y fue testigo de alguna proclama.

Historias y leyendas traen vientos
de un tiempo que ya reposa tendido
mirando al amanecer aturdido
despojar de amor a los sentimientos.

De dentro desprende un hondo quejido
las verdes ramas germinan pasión
y el sauce llorón, quiere con tesón
a la pareja que nunca ha tenido.

El parterre acoge de corazón
abejas que aletean sin saber
de cuál estambre deben recoger
polen, semillas sembrando emoción.

Las rosas rojas miran con placer
las mariposas se mueven luciendo
en lo alto del gallo, que está siguiendo
selecta hembra que es todo su querer.

Los rayos del sol siguen recogiendo
una sombra que le exige premura
para ver, cómo saltan de locura
los destellos que aún están naciendo.

La hoja caída percibe amargura
por una savia que no beberá
el clavel atento acompañará
su camino pausado a la espesura.

La vieja encina también mirará
el engalamiento del vergel
próximo a la linde, fino corcel
pradera, dehesa, el parque tendrá.