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domingo, 9 de octubre de 2016

A ENRIQUE SABATÉ



Vitral del rey Alfonso VIII e hija Berengaria. Alcazar de Segovia.
ramonabasolopiura.wordpress.com
     
                   
.                                 
                                                                             
Pienso con entusiasmo una canción
de buena rima, de estrofas sentidas
con versos sinceros llenos de pasión

Aparecen palabras aburridas
sin la chispa y magia que hace un juglar
con un glosario de letras vencidas

Recito lento, mas dudo al versar
mi capacidad, por pulir se encuentra
y la métrica procuro encajar

Mi amigo Enrique en el poema centra
las diferentes rutas cotidianas
realidad y fantasía encuentra

Con humor y nunca palabras vanas
seriedad, rigor para denunciar
hechos injustos expone con ganas

Mas, si de una flor ha de relatar
usará tanto en verso como en prosa
voces para una rosa cultivar

Cervantino fiel su camino engrosa
lo expande por los campos castellanos
con su rabel nos canta alguna glosa

Mentor de bardos, libros en las manos
escucharlo colma cualquier placer
de estimados mensajes entre hermanos

Sus odas me hacen sentir el ayer
la voz poderosa al cantar la rima
con botas y la gorra del furrier
en el taller empuñando la lima.





viernes, 27 de mayo de 2016

UN DÍA CUALQUIERA

 Fot. Pelicula "Another brick in the wall"yo. Pink Floyd. Columbia. 




Otro día más que se cargó el macuto sobre el hombro, en bandolera. Antes de abandonar la habitación, echó una ojeada por la ventana para ver cómo se presentaba el día. Salió con media sonrisa, pues vio que estaba soleado y limpio de nubes el cielo; aun así, escondía dentro de sí la certidumbre de tener el corazón desolado, y sus pasos, no eran todo lo enérgicos que pudieran llevarle con un estado de ánimo alegre. Abrazó con un beso a su madre y salió de casa.
Bajó las escaleras al trote, sin formar la escandalera que otras veces ocasionaba, cuando iba deprisa y saltaba sobre los escalones como si el diablo le persiguiera, retumbando cada pisada, en el pequeño espacio que cobijaba las escaleras del edificio de cuatro plantas donde vivía.
Una vez en la calle, observó el continuo trasiego de compañeros, amigos y otros chavales; acompañados de algún que otro adulto o hermano mayor; tambien los que iban solos, en grupo charlando, corriendo otros; se desplazaban todos hacia la puerta del colegio, que se encontraba en el inicio de la calle.
Poco a poco, se iban aglomerando alrededor de la puerta de entrada los familiares. Juntos, agrupados melancólicamente por la separación, veían entrar a sus niños, al centro del patio de recreo, limitado por dos edificios que albergaba cada uno las aulas de chicos y chicas respectivamente.
Según se dirigía Alberto hacia la escuela, se juntó con José Luis, que ya se estaba acercando a la entrada, y se paró para esperarlo. Éste, hacía cada día un gran desplazamiento desde el barrio donde vivía, pues a pesar de habitar junto a otro centro escolar, no encontró plaza allí, donde por proximidad le pertenecía. Era el chico más simpático, cercano y bromista de todos; a la par que imaginativo y fantasioso. Siempre conseguía una sonrisa de cualquiera que estuviera en su radio de acción, por una u otra causa.
Ambos se alinearon junto a sus compañeros, en la fila de séptimo curso.
Los profesores esperaban la llegada de sus alumnos, bajo el soportal del edificio donde se ubicaban la sala de profesores y la de dirección. Allí, los chavales daban forma a las filas, que por cursos se ordenaban antes de la entrada a las aulas. En el frente, se colocaba el profesor que tutelaba el curso, a lo que después de situar al guía, recorría la cola e iba corrigiendo la actitud del alumnado, con capones y algún que otro tortazo.
Y comenzaba la liturgia patriótica. Al cerrarse la cancela principal, se procedía al cántico generalizado del "cara al sol", que con tanto fervor entonaba el director, mandando la formación. Una vez entonado el himno, se procedía a entrar por orden de clases y filas corriendo a las aulas, entre golpes de algún profesor pidiendo celeridad.
El orden que se requería en la formación, se diluía a la vez que los pasos ligeros resonaban entre las paredes y sobre los escalones de las escaleras, hasta llegar a las aulas.    
Se entraba en clase y cerraban las puertas.
Alberto ya estaba sentado frente a su pupitre. Esperaban la inminente llegada de don Jesús, que todas las mañanas daba la asignatura de lengua y literatura a primera hora.
Mientras tanto, se gastaban pequeñas bromas, se reunían grupos para ver alguna novedad o cuchicheaban sobre hechos pasados. Otros, se preparaban para afrontar lo que pudiera venirsele encima, al no haber hecho deberes ni preparado la lección que tocaba.
El bullicio se hizo estanco, al ser sustituido por el corrimiento de sillas y la toma de posición del alumnado, de pie; al ver entrar al profesor.
Don Jesús era un hombre venido de Valladolid, de cuarenta y tantos años, culto, trajeado, y un estilo con porte de caballero del régimen, del que siempre adoctrinaba con gestas franquistas de las que hacía similitudes de obras literarias. Vivía cerca del colegio, en una de las calles del barrio donde una parte de alumnos residían, por lo que era mas conocido y respetado que otros, por su habitual roce casi diario en la calle. En clase era muy autoritario y si tenía que dar algun que otro bofetón, lo daba sin reparo, o un tirón del pelo de la patilla, con cierto cachondeo para hacerlo mas enternecedor o cercano.
Esa mañana, Alberto pasó contando cada minuto plomizo como una losa cargada a la espalda, sin nada que le hiciera atender con interés a las clases que se dieron hasta llegar a la hora del recreo.
Como siempre, se rompió la calma con el murmullo que hizo acto de presencia tras el sonido de la campanilla que daba por terminada la clase, alertando a todos del inicio del recreo.
En el patio, se formaron los equipos para golpear y disputar balones, en sus diferentes modalidades de juego. Aquellos que se emplearon en otros divertimentos, corrían unos tras otros, charlaban gesticulando alegremente, saltaban cuerdas al aire, y otros, que teatralizaban apasionadamente alguna situación vivida o digna de contar.
Alberto buscaba sigilosamente y con timidez a Isabel. Quizás no deseaba encontrarla, pues creía saber de antemano, la situación que se iba a producir y, nada había que le infundiera esperanzas para sentirse feliz.
Unos días antes del fin de semana, el grupo donde se juntaban fuera del colegio se había disuelto. Malas interpretaciones de gestos y peores palabras dichas por algunos de ellos, salpicó la relación grupal de todos, rompiendo la relación que en distinto modo creció en los más románticos.
Las bonitas palabras, los gestos amables, los besos robados, los sueños inacabados; se fueron con las ilusiones perdidas, las esperanzas rotas y la alegría frustrada.
Sabía el lugar por donde generalmente jugaba ella con sus amigas y fue hacia allí, dubitativo. Nada más verla, se le pobló el estómago de hormigas, no sabiendo qué hacer. Intentó dar la vuelta, pero cerrando los ojos pudo sobreponerse y se acercó a Isabel.
- Hola Isa. - Le dijo esperando una respuesta amable, simpática o cuanto menos una sonrisa.
- Hola. - Se limitó a decir ella, sin nada más que incitara a seguir una conversación.
Se quedó apoyado en la valla que cercaba el patio, al lado de donde el grupo de chicas se encontraba, mirando simplemente la actividad de las niñas y otras que por allí pasaban; pues también el recreo se dividía por sexos, y era muy raro ver juntos a niños y niñas jugando, dado el poco tiempo que hacía desde que compartían el mismo espacio, ya que hasta ese año, lo hacían en distinta hora.
Los pensamientos, deseaban configurar una manera de responder a una situación, que para ambos era dificil de encauzar y se decidieron por la espera. Como si el tiempo arreglara los deseos sin formar, aquellos que se imaginan sin actuar para desarrollarlos.
Y esperaba sobre la verja.
Solo la cercanía de Isabel ya le colmaba, y se encontraba a gusto allí, mirándola como corría, como sonreía o cualquier gesto que expresaba al jugar.
Alberto, sintió un gran vacío cuando comprendió que su valor, acobardado, había desaparecido. Isabel casi ignorándolo, no le concedió ni una sola muestra de empatía.
Se vio sorprendido por la gran rapidez con la que se extendieron los acontecimientos, los cuales dieron lugar a la ruptura del grupo, como una gran bola de fuego, que arrasaba cualquier brote de algún pasto que asomara sobre el horizonte;  una pandilla formada por sus amigos del barrio y aquellas chicas con las que se juntaron, por medio de amigos comunes.
No llevaban más de tres semanas yendo a jugar, y saliendo los domingos al cine o a pasear por la plaza, entre risas y comadreo.
La timidez había impedido en ese espacio de tiempo, que fluyeran y exteriorizara sus sentimientos hacia aquella chiquilla. Se mostraba abatido por la realidad que se había producido por tan lamentables sucesos, en los que no tuvo participación e influyeron tan negativamente para sus intereses. Al ser un hecho consumado, todos entendieron que no debían seguir viéndose.
Pero Alberto ya percibió que esa chica le estaba trastocando el pensamiento; que su dulce sonrisa, se reflejaba en cada rostro de cualquier niña que mirase; que su voz, resonaba en cada entonación que susurraba cerca de su oído; que su mirada, le inquietaba cada vez que soñaba con ella.
Mas ella, se mostraba lejana, impasible ante su cercanía e indiferente cuando al cruzar las miradas, su rostro denotaba frialdad y dejadez.
No le faltó mucho tiempo para comprender, que aquella chavala, no iba a ser la luz de su recuerdo, la niña que le hiciera fantasear con el futuro, a la vera de su deseo.
Abatido y sin más opciones de respuesta que la resignación, Alberto intentó integrarse en el grupo que jugaba al futbol, pero no pudo ser posible por la negativa de los jugadores. Sin ganas ni motivos por los que seguir en el patio, subió al edificio donde se encontraba su clase y tras mirar por la ventana un momento, se dirigió a su mesa, desplazó la silla y sentándose en ella, reflexionó con una aceptable conformidad de la situación, valorando positivamente la experiencia que aunque le había sumido en la tristeza y el desconsuelo, tambien concluyó con un sentimiento que le hizo aflorar sensaciones que el espíritu tenía escondidas y le fue agradable saber de su existencia. 
Aún faltaban unos minutos para el comienzo de la próxima clase de francés, que impartía don Vicente, un espigado profesor venido desde Canarias, ya con el curso iniciado, para sustituir a otro que abandonó el colegio; y el chico decidió entretenerse con las pinturas que sacó de la mochila, y allí estuvo dibujando con los colores entre los dedos.
Cuando ya estaban todos dispuestos en sus asientos, una vez terminado el recreo, la apatía hizo acto de presencia dado el poco entusiasmo que dedicaba el profesor en el desarrollo de los temas a tratar, entonando un suave y meloso acento, que Alberto captaba con una somnolencia cabezona y nulo interés, algo que a la mayoría de compañeros no les ocurría, pues su propósito era percibir la gestualidad y actitud tendente al general cachondeo de los chavales entre reprimidas risas y cuchicheos, sin que pudieran involucrarse en la dinámica del aprendizaje de la lengua de Rousseau.
Mientras tanto, la clase ya daba sus últimos coletazos entre frases y giros con entonaciones afrancesadas, y Alberto se movía en sus pensamientos por canales llenos de duda e inseguridad, con el sentimiento mostrado hacia Isabel, cuando se escuchó en una pausa en la disertación del profesor, el mugido alto y claro de una vaca.  
El sonido animal, salió procedente de un pequeño bote que se vendía como artículo de bromas, que tras voltearlo de su posición vertical, éste emitía un bramido como si una vaca, avisara de su presencia.
La sorpresa resultó impactante, descomunal y hasta paralizante. El silencio implantó su más severa huella, aumentada con el estado cataléptico que cubrió los rostros y gestos de todos.
El rostro del profesor se tornó de un rojo intenso, cual tomate en plena madurez, quizá causado por la ira y cabreo que sintió, al sentirse como el objetivo de tan tamaña barbaridad realizada en su clase.
- ¿Quién ha hecho la vaca? preguntó enérgicamente indignado y con una rabia supina el profesor.
A la vez que intentaba descubrir al ejecutor de tal afrenta, se desplazaba rápidamente de un sitio a otro entre pupitres, esquivando mesas y sillas como si persiguiera a la vaca para trocearla.
Cuando parecía que recorrería toda la clase entre obstáculos, se puso en pie un alumno.
Ignacio respondió en consecuencia a su acto y responsabilidad, contestando a la pregunta generalizada del profesor, con su confesión. 
Don Vicente se fue directo hacia el chico, superando la distancia que los separaba con una velocidad, que solo podía augurar la paliza que denotaba la intención de hundirlo a golpes en el momento que lo pillara. Acción que comenzó con un hostión en la colleja al llegar a su altura y aventurando los demás leñazos, Ignacio se protegió con ambos brazos, viendo soltar la mano y prever una ensalada de guantazos; sonó escandalosamente la agitada carcajada de José Luis, que no pudo contener la risa ante la expresión burlesca y caricaturesca del profesor y la situación creada. 
El maestro se giró hacia el lugar de donde procedía la risotada y presto, dejó a Ignacio con los brazos protegiéndose la cabeza, y dirigiéndose hasta el pupitre en el que estaba José Luis, que cesó su alborotada risa cuando vio venir el larguirucho cuerpo del profesor, con las venas del cuello hinchadas y las manos dispuestas a hostiarle; y como erizo en peligro, enrolló la cabeza entre sus brazos, suponiendo que hacia ella dirigiría los golpes, agachado sobre el pupitre dispuesto a recibir la zurra que después recibió.
 - No, no, no me pegue por favor, auxilio, socorro, don Blas, don Blas. - Repetía una y otra vez José Luis, llamando al tutor para que detuviera la solfa de tortazos que le estaban cayendo encima, sin que por ello, acudiera el mencionado profesor en su ayuda.
Una vez terminado de golpear a José Luis, entre gritos y lágrimas de la gran excitación a la que estuvo sometido, el profesor le quitó el bote sonoro a Ignacio, dando por terminada la clase con un gran portazo al abandonar el aula.
Ante el espectáculo representado y sin la autoridad del profesor que menoscabara cualquier reacción a lo sucedido, todos los alumnos explosionaron y liberaron la tensión con risas, gestos alegóricos de la función y grandes carcajadas, después de comprobar el buen estado físico de Ignacio, así cómo de José Luis, y comentando con alborozo la jugada, e imitando jocosamente la gran actuación de los actores implicados en la escena.
Aquella situación fue la distracción perfecta para que Alberto, orientara el pensamiento hacia el pitorreo y jolgorio en el que participó con sus amigos, olvidando la tristeza e inseguridad que le ocasionó aquella decepción sentimental.
Aunque no lo sabía, aquella experiencia detalló y enseñó las sensaciones que su corazón sentiría en posteriores situaciones que la vida le ofreciera, cuando sus sueños rondaran los amores de una mujer.
Al llegar a casa, después de toda la emotiva mañana que le nubló el pensamiento, se fue a su habitación a por la fotografía que tenía de Isabel guardada en un cajón. Al cogerla, la miró y sin pensarlo la rompió. Creyendo que con aquél acto, se evaporaría de su mente como si nunca más volviera a existir.
Acto seguido, se dio cuenta del error, pues ya no tendría su imagen para recordar su bonita sonrisa.



miércoles, 24 de febrero de 2016

LUCIÉRNAGAS SIN LUZ

 Fot. Qarsis, cerca de Jimena, Jaén. "Mar de olivos". Panoramio                          

  
                                        

Como todas las tardes, una vez pasada la calima, y tras asomar una pequeña brisa haciendo desplazarse a tan agobiante sensación e incómoda calentura ambiental, Cándida aparecía abriendo la puerta de su casa y miraba el viejo nogal como muestra de que nada había cambiado; el árbol mas próximo de entre todos aquellos que formaban el pequeño parque de la plazoleta, donde solía pasear y reunirse con su pequeño grupo de supervivientes de tantos años de penurias y distintas etapas de la vida que con mayor o menor fortuna habían ido surcando cada arruga y diferentes tonalidades pictóricas que dibujaban la piel de cada una de aquellas ancianas, signos externos en rostro y manos, que eran las únicas partes del cuerpo descubiertas a la luz para regocijo del tiempo, al verse representado tan esplendorosamente. Tras comprobar que el peligro de una exposición ambiental superior a la permitida y acostumbrada por el conjunto de toda aquella integrante del grupo, había ido alejándose; lentamente cerró la puerta y encaminó sus pasos hacia el interior de la casa para recoger los utensilios que sacaria para hacer mas cómoda y entretenida la velada que por rutinaria nada dejaba a la improvisación.
Manolo esperaba con impaciencia en el bar que junto a viviendas y otros locales, parapetaba la calle que lindaba al jardin circular que envolvia la plaza, coqueta con sus cuatro bancos en piedra y alargados para mayor ocupación, dispuestos en distintos arcos equidistantes del circulo que tenia como centro un pequeño surtidor de agua. Abrian la plaza cuatro ramales que permitian cruzarla en las direcciones del sentido geografico en el que estaban orientados.
- Pon otro cubata Pepillo, que como tarde en llegar el Joaquín, me la voy a cojer de campeonato. Dijo Manolo arrastando su vaso vacio aún con el hielo redondeando sus aristas, por la barra. Varias mesas ocupadas por jugadores de dominó y cartas, hacían los vítores correspondientes de alegría o decepción, según la jugada; dándole al local el vocerio y soniquete característico de aquél donde la reunión es amena y agradable para tomar algo y charlar. Se tornaba apacible la conversación que en la única mesa ocupada de la terraza del bar, mantenían Manolita y su marido Alfonso consumiendo ambos unas cervezas. 
Amália, cerraba la puerta de casa y despacio dirigía sus pasos hacia el banco de la plaza donde se debatía y conmemoraban fechas ya lejanas que las componentes del grupo hacían querer ver como si del día anterior hubiesen sucedido. Alfonso se levantó para besar a su anciana madre, cuando llegó a donde estaba, y  dirigiéndose a Manoli, su suegra le preguntó por la madre de aquella, pues hacía unos días que no la veía, siendo la respuesta tranquilizadora al decirle que estaba pasando unos días con su hermana, en otro barrio del pueblo. Siguieron diciéndose cuestiones mantenidas normalmente cuando se veían, hasta que Amália se despidió al ver aparecer a Cándida caminando hacia la plaza.
Mientras tanto, Joaquín aparcaba su moto de baja cilindrada no sin antes haber anunciado su llegada con la escandalera del motor que producía la expulsión de los gases al salir por el tubo de escape de la motocicleta.
La niñería tomaba posiciones en la amplitud del parque y plaza, una vez levantado el toque de queda en todas las casas, que permitía la salida a todo aquél que tenía el derecho restringido por la temperatura solar.
Manolo recibió a su amigo con alegría y alguna que otra broma en relacion a su tardanza con su llegada, y tras pedir Joaquín un cubata, empezaron a tratar el asunto que les había reunido allí.
El grupo de ancianas formado además de las mencionadas más Dolores, que era la más joven de ellas, pudiendo ser por edad hija de cualquiera de las otras, ya se habían reunido iniciando la tertulia. Cerraba el cuarteto Felisa, que de las tres mayores era la única que aún convivía con su marido, el mas fastidiado por la vejez que casi no le permitía el movimiento de la cama al sillón, y unido a la botella de oxigeno por medio de la mascarilla que le hacía aliviar la respiración de sus dañados pulmones.
El tiempo corría lentamente, sin prisa; cualquiera podría decir que no corría, sino que andaba cojeando; causando en el personal una placidez agradable al hacerles la conversación amena y alegre por permitrles estar juntos con la sensación de quietud agradandoles la estancia en los distintos sitios donde cada uno se encontraban, ayudando también la climatología que suavizaba y templaba el aura ambiental que sobre la tarde se cernía.
A la vez que el sol prolongaba las sombras, la plaza y calles aledañas se llenaban de sonidos con el griterio de los crios jugando, de algún que otro susurro que con discrección se comentaban las ancianas, como si el miedo a ser escuchadas revelara el secreto mejor guardado, de coversaciones amenas y hasta de otras malsonantes que empezaban a formarse en el bar. Aumentó el paso de vehículos, en su mayoría ciclomotores estridentes, algunos trucados en su potencia y haciendo insoportable el seguimiento de las charlas iniciadas, alterando el carácter e icendiando las críticas hacia la mencionada circulación de las motos.
Los clientes del bar iban en aumento según coincidia el horario con la salida de los empleados de sus respectivos trabajos mas cercanos al local y eran habituales de su entrada en él. Quizá la cantidad de clientes y mayor bullicio, hacía aumentar el tono de las conversaciones; y el que empleaban Manolo y Joaquín estaba tomando unos tintes agresivos, tal vez ocasionado por la cantidad de bebida ingerida y del tema que trataban, que al ser relacionado con una deuda monetaria; hacía temer en los más cercanos a ellos que aquello no pudiera terminar bien.
Los gritos y las correrías se centraron en el bar al darse la alarma por la situación de Joaquín que yacía junto a todos los desechos de las tapas en el suelo ensangrentado por las puñaladas que Manolo le había dado, antes de salir como un loco descolocado, intentando correr sin conseguirlo al cogerlo entre algunos hombres que al darse cuenta del suceso salieron tras él, tirandole al suelo y sujetándolo mientras otros llamaban a urgencias sanitarias y policia.
La plaza cubierta por la sombra de los altos edificios que tapaban los rayos solares, también encubría el asombro, los sollozos y las lamentaciones de las mujeres al enterarse del asesinato cometido.


martes, 3 de noviembre de 2015

SALIENDO AL PASO

        Madrid, C.de Bailén 1913. http www.fuenterrebollo.com
   



Distinta mañana e igual sensación. Constante monótona, que deja un poso de desidia, alimentando la clara desgana que levanta el cuerpo de la cama, sabiendo que nada nuevo va a suceder. 
Ya toda la familia se emplea en sus labores, la madre preparando el desayuno y los que aún no han salido, ultimando los últimos movimientos para hacerlo, mientras la pereza marca los movimientos comunes que son ejecutados a diario, Charly ronronea a su madre un poco de pasta, mientras bebe la leche y mima los gestos engatusándola con desparpajo. 
No tarda mucho la madre en soltar algo de parné, el suficiente como para que el hijo se sienta satisfecho. No corre la prisa, el día acaba de echarse encima y los augurios de nuevas movidas son escasos.
- Un beso mama, me piro ya.
-¿Qué vas a hacer tan pronto en la calle? le dice ella, sabiendo de antemano la respuesta.
- Ná, que hemos quedao para ir a ver unas cosas que tiene que comprar el Juan, venga mama; hasta luego. 
- ¿Vas luego a clase?. No vengas tarde a comer que sabes que tu padre se pone de mal humor.
-  No sé, si nos da tiempo iremos a alguna. Va, que le den. Adiós. Responde a la pregunta a la vez que desprecia la actitud de su padre ante su postura en la comida, y no dándole importancia a tal hecho.
Las escaleras reproducen el efecto de una estampida de elefantes en expansión tras cada salto de Charly entre sus escalones, cada vez más largos y ruidosos, llegando al rellano del portal y superando la anterior marca, satisfecho abre la puerta, enfrentando la luz del sol y tapando con la mano en forma de visera para otear el panorama que le ofrece la plaza.
Sentado en un banco se encuentra ya Juan, con la mezcla del tabaco humeante en una mano y las llaves de casa y el coche , todas en un llavero en la otra mano, balanceando el conjunto.  
- Qué pasa tio, llevas mucho aquí?
- Un rato, lo que lleva el mai  encendio, toma matalo.
Juan se levantó con parsimonia y estirándose con los brazos en alto, le comenta a Charly que mejor hacerse primero la cabina, antes de que empiecen a entrar al colegio, por el movidon que se forma en la entrada.  
Tras la última calada, que le llega a los dedos de los pies tras una gran aspiración, tira la pava  al suelo pisoteándola con desinterés y se dirigen los dos a la cabina enfrente del colegio.
Juan se mete dentro, mientras su amigo otea los alrededores vislumbrando algún acercamiento de alguien que pudiera abortar la jugada. Dentro de la cabina, el destornillador ya ha abierto la caja de las monedas y su recolección se efectúa en un plis plas. Con el botín en la bolsa dentro de la cazadora, echan a andar con paso ligero para desaparecer de la escena del hurto cometido.
Andan deprisa, hacia el lugar donde Juan, con los años recién cumplidos y con el carnet de conducir en su poder, se maneja con el coche que su padre le consiguió en un trapicheo con un amigo, y lo cogen del sitio donde lo dejó aparcado la noche anterior. Se introducen los dos en la desvencijada tartana que les sirve para moverse  de un sitio a otro. Nada más arrancar se percata el conductor de la poca gasofa que les queda y le comenta a Charly de la falta de combustible y debiendo repostar, se colocan unos cientos de metros, tras recorrer varias calles, en doble fila junto a un coche aparcado. Salen del auto y simulando una avería, Juan saca el tubo alargado que mete en el depósito de dicho coche y una vez dentro, succiona el líquido hasta que empieza a surtir y retirando rápidamente la boca,  cambia la maniobra dirigiendo e introduciendo el otro extremo del tubo en el respectivo depósito de su coche. Cuando ve que ya es suficiente para el movimiento que van a efectuar con el buga, rápidamente vuelan de allí en dirección a casa del Jonny, que les proporcionará la yerba de consumo para unos días.
Sabiendo que la rutina les afecta como al común estudiante que falta a clase para fumarse unos porros sin mas expectativas que las de distraer la mañana sin beneficio ni provecho, solo con la satisfacción del dulce arbitrio de la inconformidad, se sienten satisfechos con las perspectivas que les proporciona la mañana soleada y de temperatura agradable .
Tras quedar y verse con Sole y Patri se aprovisionan de unas litronas de cerveza y van al parque de arriba del barrio llegando allí con el coche, se marcan una ronda y unas risas con las bromas que les otorgaba la desinhibición del momento junto a las ganas de pasar un rato agradable.
Antes de irse para casa, después de una mañana tradicional cuando el instituto no tenía el interés deseado para causar que su presencia en él fuese necesaria; quedaron para después de la comida y hacer la sobremesa en el edificio sin uso aún, de la casa de cultura cerrada y violada su entrada cada vez que era requerida, frente al instituto; donde las reuniones eran norma común de un variado grupo de alumnos que optaban por dicho hábitat, antes durante o después de las clases, según la conveniencia del momento.
- Me piro a papear. Se despidió del grupo Charly, una vez que ya en el barrio, charlaban sentados en un banco de la plaza, una vez ya pasada la mañana con mas o menos fortuna según las expectativas. 
Charly, aunque pasaba de muchos rollos de casa, tampoco deseaba tener problemas con su padre por el mal ambiente que se creaba, afectando principalmente a su madre y por ella evitaba situaciones que le disgustaran.
Mientras los alumnos entraban en el instituto, Juan y Charly, ya esperaban cerca de la casa de la cultura, junto a Pepillo que se les unió mientras se acercaba al instituto y se acopló a la idea propuesta por sus amigos. 
El asalto se efectuaba por una de las ventanas del primer piso que por el casi abandono y la falta de utilidad provechosa del edificio, se encontraban en mal estado propiciando su entrada, ya que las del piso bajo, estaban todas con rejas.
Tras una espera prudencial y con unas condiciones optimas para la toma del castillo, Charly, se introdujo por una ventana superior después de escalar por las rejas, seguido del Pepillo que rápidamente se introdujo con la mochila que llevaba a la espalda. Juan después de trepar por el enrejado de la ventana inferior, se disponía a alcanzar la ventana superior cuando una voz de hombre, con energía y una determinación inequívoca, conminó a éste que estaba escalando a bajar.
Juan se volvió sorprendido y lo primero que vió fue la lechera en medio de la calle y los dos maderos haciéndole gestos con las manos y exigiéndole que bajara lo antes posible.
Los otros dos amigos que esperaban cerca de la ventana se coscaron de toda la movida y corriendo en dirección opuesta a la que se encontraban los ejecutores de la cortada de rollo, cruzando el edificio y saltando desde otra ventana directamente hasta el suelo y saliendo corriendo para desaparecer de allí, como si no hubiesen estado nunca.
Mientras tanto a Juan le metieron en la parte trasera del coche policial, una vez  pedido el carnet de identidad e interrogado sobre su nombre ,dirección y quienes eran los que habían subido antes de él, pues se percataron de todo. 
Sin mas remedio que dar los nombres y dirección de los que estaban juntos, le dieron una vuelta por el barrio pasando por las calles mas concurridas para que le pudieran ver. 
Al vivir los tres en un radio de cincuenta metros, cerca de la plaza, aparcaron el coche con Juan dentro en la parte de atrás, mientras un policía se dirigía a las casa de los amigos para comprobar y notificar los hechos a  los cómplices del delito y a sus familias.
Una vez terminados los trámites de información a los respectivos individuos, dejaron salir del coche a Juan, acompañándole a casa y notificándole a su madre que ya les llegaría la denuncia y posterior paso por el juzgado, tras explicarle la situación que había protagonizado su hijo.                   




jueves, 29 de octubre de 2015

A TÍ, COMPAÑER@

     IPE. n°1 E.T. XXXV Pr. Grupo J.
                                       
     
                                       



                                   


                

                                                                                                                    
                                                                           
                             
                               

Disciplina y responsabilidad
nos dio la fuerza del compañerismo
días de valores, idealismo
crearon la noble realidad

Enseñanza y trabajo en igualdad
atleta marcial, preciso aforismo
marchando con ilusión de heroísmo
máquinas, herramientas, la unidad

Uniforme con grado la corbata
en las aulas un escrito conciso
arrestado por tardar a la lista

Campo de instrucción y boina novata
aprendiz, soldado busca permiso
zapatos limpios pasando revista 







martes, 20 de octubre de 2015

QUE OS VAYA BONITO

                       Huéscar. Pintura rupestre. La piedra del letrero.
                                      www.casacuevarural.com


                                       
 Menos mal que tiene poca tirada éste blog, porque si tuviera la que veo que tienen algunos de los que el tiempo me da para ver de pasada, que si cientos de miles, que si millones de seguidores, que si nos juntamos más lo vamos a petar, que si entre los miles y miles de seguidores, amigos, familia y demás congéneres, y todos escribiendo y compartiendo sus escritos, o fotografías, o dibujos, o cualquier expresión digna de ser vista, me pregunto y me surge la duda sobre el tiempo que cada uno de los relacionados, cubre los artículos de otros para comentarlos y leerlos, en un tiempo que a parte del dedicado a su trabajo, tiene cabida el dedicado al blogueo, a la familia, a los amigos, hijos y demás actividades que surgen al cabo del día. Menudo cacao.
También cabe la posibilidad que sean blog nicho. 
Claro que la capacidad de cada uno es diferente para dedicar ciertas tareas, y depende de las aptitudes que son capaces de desarrollar algunas mentes privilegiadas. 
La verdad es que sois dignos de la mayor admiración, por el empeño y dedicación de la que sois capaces de ofrecer para estar al tanto con las relaciones que establecéis entre tanta gente y grupo.
Siento no poder ofrecer las mismas características para aumentar mi relación con los que sois capaces de entrar en mi blog, para ponerme una reseña que me llena de satisfacción, pero me avergüenza el no poder corresponder en la misma medida. Los motivos son varios y diferentes a cómo hacerle frente a todo lo que surge durante el día y siento; a la vez que agradezco el tiempo que dedicáis a verme el careto, a la vez que leéis mis ocurrencias.
Por cierto, ya para terminar desearía descubrir una anécdota que por curiosa no deja de ser relevante.
No sé si a través de los escritos dejo alguna señal de esquizofrenia, o desequilibrio mental, pero últimamente me visitan y me colocan +1, algunos visitantes que son psiquiatras, psicólogos y personas relacionadas con el tratamiento de la personalidad, mente y relacionados. Me estoy empezando a mosquear. ¿Debo preocuparme?, ¿me lo hago ver?, ¿entablo relación con los susodichos y me explico?, ¿soy motivo de estudio?. Ya decía yo que el aumento de lectores norteamericanos no era gratis, por lo menos estoy vigilado y en buenas manos, si por casualidad, a la neurona le da por darme el yuyu, alguien se dará cuenta y me avisará, si no mejoro. Espero. O mejor no. Me piro. 


          

lunes, 5 de octubre de 2015

SIGUE LA TONTERÍA

           
Huéscar, teatro oscense. http://play.tojsiab.com/

                                                      
Sonaba un timbre de alarma para indicar el comienzo de las clases, pero la continua entrada al instituto no cesaba hasta bien pasados unos minutos largos, eternos. El comienzo de clase era un continuo chorreo de estudiantes, sin ningún tipo de respeto de las mas mínimas normas estudiantiles. Cada cuál iba a su bola, con la total indiferencia del profesorado, que salvo raras excepciones, exigían puntualidad.  
Entre el inicio y apertura del curso y el envalentonamiento del alumnado, por causas de madurez precoz y aumento del ego al cambiar de status quo en la escala social del grupo y edad juvenil; se hacía muy notable la des-coordinación patente entre las reglas y disciplina que se requería para el buen funcionamiento del centro.
El profesorado, también ayudaba a tal desbarajuste, pues en la mayoría de los casos, su inexperiencia o parcial desinterés hacia el control del grupo de alumnos de clase, dedicándose únicamente a dar el temario con una gran indiferencia por la actitud y aptitudes que pudiéramos mostrar, aumentaba el caos y con ello la notable y creciente posición del alumnado para hacerse notar y tomar mas protagonismo en las distintas actividades que se ejercían tanto en las clases como fuera de ellas. 
Fue una inauguración del instituto algo insustancial, muy desprovista del clásico ambiente estudiantil que se respiraba en los centros con más solera o antigüedad, por el reencuentro de alumnos, el conocimiento del profesorado, la dinámica estructural de un centro formado con todas las funciones básicas cubiertas y donde todos se encontraban como en el local de reunión para aparte de estudiar y realizar actividades comunes, citarse para relacionarse y entablar amistades y reforzarlas.
Caso que no se produjo en ese primer año donde todo era nuevo y por empezar.
La inicial expectativa se tornó en parte en una generalizada monotonía que aunque fuese normal, pues el estilo de vida colegial no se diferenciaba mucho del estado que se vivía en el instituto, salvo el tipo de horarios y asistencias más o menos aleatorias al criterio del alumnado, con la potestad de dirigir la conveniencia de asistir a una u otra clase, según el interés, ganas o la simple opción de iniciar un partido de futbol.
Las anécdotas por características y multitudinarias, pasarán a ser parte de otro relato donde pueda centrar mejor la ocasión y momento que dió lugar a que se produjera.   
El paso del tiempo lo cura todo, y con los meses de inicio se formó una rutina estudiantil que ya mostraba aspectos más consecuentes con el aprendizaje y la enseñanza, pero a esos primeros alumnos que inauguramos  dicha institución, no se nos quitó la tontería hasta bien pasado el curso, e incluso ni con la finalización del año académico. 

viernes, 28 de agosto de 2015

DE CONCIERTO. - 9 MIGUEL RIOS


      Propiedad del autor                                  
                                  

                                  
          



No recuerdo haber visto antes en directo al paisano, hasta que yo también regresé a Granada, allá por el 85 del siglo pasado, y casi ni lo cuento.
Llevaba un mes allí, y surgió el concierto con las fiestas y feria del corpus, en plena ebullición del jaleo que se forma ante tales eventos. Estaba alojado cerca de la plaza de toros, no muy lejos de los carmenes, el campo de futbol del Granada, y nos fuimos al concierto con unas expectativas colosales, la actuación de Alarma con Manolo Tena (ex de Cucharada), también ayudó.



Miguel Rios en Granada, pues para mi fue una pasada, estar en un concierto con su gente, su ciudad y yo de comparsa, porque no soy gran seguidor del primico, aunque sí me gusta, yo le llamo el Bruce Springsteen spanish, por lo currao que lo tiene, desde que sobresalió con dictadura y todo se lo supo montar para ser el rockero por excelencia del público español. 

                                        

La plaza toros estaba a rebosar y nosotros nos pusimos en el albero cerca del escenaro, controlando y moviendonos al ritmo que se marcaba desde el escenario. Alarma tambien tenía una buena propuesta, aunque creo que su éxito musical duró mas bien poco, hasta que Manolo Tena, se lo montó de solateras, adquiriendo mas resonancia y esplendor. 
Bueno corto y cierro que suena la alarma y hay que salir por patas.






jueves, 27 de agosto de 2015

EL MAIZAL

   
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 Hubo un día en que el maizal desapareció. Aquél campo de maiz donde nos metíamos para perdernos y encontrarnos después entre sustos y risas; cogiendo de las mazorcas los rubios cabellos que sobresalían para adornar la silueta de las cápsulas del grano, y así poder disfrazar nuestros rostros con los mostachos que con la mas ingenua imaginación nos hacía mayores, con las burlas, bromas y  mas disparatadas imitaciones de cualquier personaje que se nos pusiera en mente, haciendo de la diversión norma común cada vez que entrábamos en el campo de panochas.
La acequia seguía encauzando el agua hasta la vega, donde todos los frutales y demás hortalizas esperaban pacientemente, floreciendo día a día.
El camino asfaltado que hacía de carretera hasta las últimas casas del pueblo, acercando la montaña, las pedanías y cortijos, los pueblos vecinos y los caminos rurales; bordeaba la parte norte del terreno de cultivo, y corría paralela a los grandes plátanos de sombra, al sauce llorón y algún que otro tipo de árbol que se me fuera de la memoria, todos ellos majestuosos y frondosos, alzándose en lo alto de un pequeño terraplén del solar, recorriendo la calzada y sirviendo de escolta a todo vehículo que hiciese el trayecto por dicha vía. Bajo la pendiente de la carretera se encontraba la acequia, sirviendo de separación del bancal, y otorgando dicho desnivel del terreno una pequeña tribuna para mejor posicionamiento y visión del juego.
Las restantes lindes de la parcela, las delimitaban por un lateral, una calle con una fila de casas bajas, situandose en el lado opuesto que la acequia recorría y separaba, el barrio de nueva construcción para ensalzamiento de los 25 años después de la guerra civil, de nombre La Paz, donde vivíamos todos los que disfrutamos mayormente del cambio de uso de la parcela para provecho del juego y amplitud del barrio. Como fondo sur, colindaba una tierra sin cultivo, donde posteriormente nacería un colegio; tambien se encontraba en las postreras aledañas un basurero que tardó poco en desaparecer. Más alla la huerta, el olivar por un lado, y el instituto con su campo de futbol vallado y el cuartel de la guardia civil más alejado, junto a la carretera que llegaba a Granada, frente al parque.  
No está escrito en ningún libro de historia del que se tenga conocimiento, al igual que entre los ancianos del lugar tampoco se habla de cómo llegaron allí las porterías; pero el día que hicieron acto de presencia, iluminaron la ilusión y los sueños de muchos niños, al igual que de los mayores; convirtiendo una finca de cultivo en un campo de esperanza.
Temprano se levantaban los jugadores ante la avalancha de partidos que debían jugarse los días señalados de competición, y los que no había tal, era usual encontrar a temprana hora y en día no lectivo, a alguien peloteando. Allí, si; siempre se estaba jugando al futbol, golpeando la bola.
Había una zona aledaña de terreno libre entre el rectángulo de juego y la acequia que apartaba el barrio, para uso de partidillos que no requerían mas jugadores que los que se propusieran hacerlo en un espacio mas reducido, o para tirarse unos penaltis, o para hacer rondos de pases, y para mil prácticas de todos los juegos imaginables. La acequia representaba un añadido a las fantasías. ¡No habrán navegado barcos, canoas y galeones por las aguas de riego! ¡Y la de limas que se clavarían en aquél solar de tierra, y las chapas que se harían infinidad de carreras por circuitos diseñados por las manos expertas de los conductores, y con las canicas que golpearían a otras desplazándolas de su posición para gloria del mas hábil. ¡Y la de agujeros que se habrían hecho para colar las perras gordas y las chicas y las pesetas...
Pero menos que pelotas y balones recorriendo y botando en la llanura.
También se dirimieron afrentas.
Aunque no se tiraran bien las líneas de yeso, para delimitar la zona de juego, el aspecto que representaba el campo una vez pintado, y colocadas las redes ( cuando llegaron con el tiempo ), con el ambiente que producía la ocasión del juego, proporcionaba una alegoría de la fiesta y espectáculo en que todos estaban contentos. Daba igual quienes jugaran, qué equipos, niños o adultos, el aspecto del entorno daba categoría al partido que se iba a celebrar.
Allí estaban todos los que debían estar, y algunos de los que no, también.
Los balones oliendo a manteca, las camisetas como serones, los pantalones, las zapatillas, las medias, las botas; al libre albedrío y posibilidades.
Los vestuarios en el edificio de la O.J.E. Y las ilusiones metiendo goles.
Allí hubo un día un campo de futbol. Pedregoso, de pequeñas piedrecillas, las llamadas chinas y mas grandes, que nunca desaparecían por más que se intentaran quitar.
Moldeable al clima, pues ni agua, ni viento, ni la nieve, impidieron que se jugara.
Recordado, porque por mucho que el tiempo se empeñe, la memoria dirá que allí hubo un maizal que al desaparecer, se convirtió en un campo de futbol.




    

miércoles, 26 de agosto de 2015

PIENSO, COMPUESTO.

    
                  www.elbolsodemaribel.com                             
                                          

La de vueltas que da la vida, dentro de ésta bola elipsoide, que no para de moverse, dentro de otro torbellino de giros que lo engendra, y nos tiene atrapados sin opción de escape, por lo menos con vida. Una vez muertos nos vamos, pero de todos los sitios.
Y mientras escribo y le doy vueltas al melón que  tengo por cabeza, porque solo tiene pepitas; pasan cosas en cada uno de los seres que existimos, elemental y obvio. Y yo preocupao con lo que tengo encima.
Si es que no se puede estar en todo, o se está a lo de uno o no se está a nada. Si, ya sé que poder hacer millones de acciones otorga posibilidades de ampliar el círculo, relacionándote y haciendo determinadas actividades, de todo tipo, culturales, deportivas, solidarias, etc. 
A veces unas, y en diferente momento otras de distinta opción para el que lo hace así, o todas a la vez. Pero siempre habrá algo por lo que reprocharte el no haber hecho lo que se te demandaba, o sin haber sido exigida o solicitada, en alguna ocasión,  por estar haciendo determinadas cosas mas importantes (para ti), y no pudiste hacerle frente a lo mas cercano, aquello que sin alzar la voz, tan poco te exigía. Tu hijo-a, ¿tal vez?, tu esposa-o, ¿acaso?.
Siempre haciendo algo de más, siempre restando de un lado para sumárselo a otro, pero de dónde y en qué lugar y momento se hace la operación matemática, ¿de dónde se quita para dar?.
El orden de prioridades, se establece según la conveniencia de cada momento, la aptitud y empeño que se ponga en la actividad, a la que se dedique para suplir el empleo del tiempo que se le quita a otra, en la que están involucradas personas que son tan importantes o más, pero no piden o exigen el cambio de actitud en los planteamientos, porque en parte, ese tiempo que se emplea, forma parte de la felicidad y bienestar de la decisión del que la toma.
Y mientras pienso, porque nunca se deja de pensar; se me pasan cantidad de movidas que podría hacer, y no las hago o si ocurre que se me encienda la luz para realizar cualquier acción, me lo pienso otra vez, o lo dejo para otro momento, pero esa oportunidad, rara vez se da, porque soy tan básico y un elemento desprovisto de sentir emociones diferentes a las que siento y me contento con ellas. Aunque claro que me ilusionan diferentes estados de la vida, que son parte del deseo de poder disfrutar y sentir, pero dentro de las limitaciones, cada uno sabe hasta donde llegar, y saber aceptarlo, para que no te frustre las expectativas mas exigentes con tu propio ser.
Y es fabuloso y hasta envidiable la actitud de todos los que se dedican a aportar a otras personas su tiempo, al igual que nada hay de reprochable en aquél que emplea su tiempo en lo mas deseable para su regocijo y quietud para consigo mismo. Uno es dueño de sus decisiones. 
Y al ser así, las decisiones que tomo al pensar tanto, me reiteran una y otra vez que lo más importante está junto a mí, a mi lado. No tengo que buscar actividades complementarias que sustituyan alguna carencia, ya sea de afecto, sentimental o de relación personal. Nada suple ni supera el estado emocional que se encuentra en la cercanía de uno, ya sea familia o amistades, que si mantienen una relación normal con los cánones establecidos de simple empatia de los miembros que lo forman, lo demás viene rodado; siempre que haya voluntad de que así sea.
Sin reproches por mi parte, que cada uno haga lo que crea más oportuno con su vida, mientras no vaya por ahí jodiendo al personal. Cada uno tiene sus circunstancias y como decía aquél: - "Yo soy, yo y mis circunstancias", así que a preocuparse cada uno de las suyas que bastante tiene uno con ello.





viernes, 21 de agosto de 2015

MUSICANDO AL URBANO

                                               www.dlsi.ua.es/ 

                 www.grupoasfalto.com  

 

ASFALTO. - Como pasa con la mayoría de las bandas, después de tocar y formar grupos; los integrantes de Asfalto, llegaron en el año 1975 a juntar la base de lo que sería una de las bandas mas antológicas del rock español y precursores del rock urbano madrileño; sin bajar nunca en una clasificación del grupo de líderes que encabezan el pelotón. Para mí son, haciendo similitudes con otros a nivel internacional, mis Led Zeppelin españoles, no en cuanto a estilo, pero sí como líderes de los gustos musicales.
La formación que grabó su primer Lp, junto al inició de la discográfica Chapa, dirigido por V. Mariscal Romero, precursor de toda la movida rockera española; estaban J.Luis Jimenez (bajo, voz), Lele Laina (guitarra, voz), Julio Castejón (guitarra, voz), Enrique Cajide (batería).                  




Nada más grabar su primer disco, abandonan Laina y Jimenez, para formar el grupo Topo; pero Castejón lidera la resurreción contratando al teclista Jorge G. Benegas y a J. Ramón Pérez - Guny - , haciendo la banda que mas tiempo se mantuvo en activo y con más éxito.
                              
 www.spanishred.com


        
                                   
Crearon su propio sello discográfico, "Snif"; con el que tuvieron una etapa de gran creación y éxito con la grabación de tres Lps, "Más que una intención" 1983, "Cronophobia" 1984, y "Corredor de fondo" 1986. En los dos primeros discos, la voz la puso Miguel Oñate, un cantante con una potente voz y personalidad, que otorgó al grupo otro tono más rockero.

Después hubo intentos de rememorar los primeros tiempos con Laina y Jimenez, pero no funcionó, haciéndose cargo Castejón del futuro de Asfalto, entre paradas y discos con mas o menos éxito, sigue al frente recordando viejos tiempos y sus seguidores disfrutando.
                                   
     viejopickup.blogspot.com.es


 

Termino con dos canciones de Topo, Lele Laina y J.Luis Jimenez, alma mater de los primeros Asfalto, que tambien seguimos allí donde tocaban por el buen rollo y estilo, con letras comprometidas con los problemas que ya se veían venir y ahora nos afectan con virulencia en el medio ambiente y otros aspectos sociales aún vigentes.
Qué grandes momentos nos hicieron pasar, allí donde nos reuníamos para comer pipas y bebernos las litronas. 
El botellón ya estaba inventado. No es de ahora.