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En el mundo animal que nos movemos con tanta facilidad y desenvoltura, dada nuestra condición de reyes y amos naturales de todo lo que se menea; es normal que ésta superioridad la empleemos para sacar músculo y poder, demostrando la posibilidad que nos permite hacer uso de cualquier característica que podamos desarrollar para afianzarnos en esa creencia real que nos ha otorgado la naturaleza como especie, en la dimensión cósmica que compartimos con los demás animales sin la capacidad del raciocinio.
Precisamente ésta aptitud de discernir sobre cualquier acto de los que somos capaces de realizar, nos confiere esa supremacía que nos lanza sobre todos los retos, desafíos y avances que nos propongamos resolver. El avance que nos ha hecho llegar hasta donde estamos y el que nos otorga las perspectivas del futuro próximo, no hace sino ahondar en esa realidad que nos hace ser el depredador total, no hay otro como nosotros, nuestra especie. Todo bicho viviente que se mueva o dé signos que permitan sospechar su utilización como alimento o captura para gozo o deleite del que ejecuta la acción, no existirá ninguna duda en que será ingerido.
Como la inercia del depredador es la demostración de su poder mediante la exposición de su sola presencia, vemos que la teoría se confirma en su máxima expresión, con la relación del macho y la hembra.
Si fuera posible alterar el rol que determina la distribución del poder dentro de nosotros mismos, creo que nos iría mejor, o diferente.
Al igual que la sociedad está experimentando un cambio en las posiciones políticas, y se rebela contra la actuación de los gobernantes; si posible fuera que la mujer adquiriera el protagonismo que merece simplemente por igualdad con el hombre (aunque haya millones de razones más), se demostraría fidedignamente un cambio sustancial en todos los niveles sociales.
Si el 60% de universitarios son mujeres(tendencia que lleva muchos años produciéndose), no tiene sentido lógico que la mayoría de los puestos de gobierno, diputados, y demás electos españoles; altos cargos tanto de empresas públicas y privadas, así como los empleos de mayor cualificación, estén ocupados por hombres. A nivel salarial en igualdad de ocupación la remuneración del hombre es aproximadamente superior en un 25%.
También se da la imagen en los llamados profesionales liberales, como abogados, médicos, etc., todos aquellos que salen titulados de la universidad, donde ya dije que allí el hombre ocupa solo el 40% de las plazas.
¿Podría cambiar la sociedad si se le diera la vuelta a la tortilla? Para bien, claro.
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