Miguel de Cervantes. marcarlapieldelagua.blogspot.com.es
Lo mismo me he pasado con el titular, y he dado a entender
algo que ni trato de transmitir, ni es mi intención disertar sobre lo que no
conozco, o no se entiende y confunde al esperar leer sobre determinado asunto
que en nada se va a ver reflejado sobre ésta coloreada pantalla. Bueno, como si no hubiese dicho nada, ni caso.
Quiero
dar a mis lectores ese jugo vital que necesariamente deben beber todos los
días, pues su ausencia trae como consecuencia el inmediato ingreso en las salas
de recuperación, donde tratan y curan los síndromes de abstinencia; si, allí
donde los seres compulsivos devoran libros y libros hasta la extenuación, esos
lugares donde la sola voluntad de apartar la mirada de la hoja leída supone una
reprimenda por el cuidador-a de la biblioteca.
Si
,si, tómenlo a risa o no hagan caso a tales circunstancias y verán cómo les
puede la ansiedad hasta límites tan insospechados, que les hará buscar
cualquier libro, revista, periódico e incluso destrozarán el buzón de casa para
conseguir una papelina de mala publicidad, si no tienen su dosis de artículo
diario. Que uno cuando toma regularmente determinadas lecturas, le es muy
difícil reconocerlo primero y desengancharse después; mas, la letra tiene un
problema añadido a todas las adicciones posibles, produciéndose el
enquistamiento en la base cerebral y dando como resultado un apelotonamiento
general, sin sentido ni orden, que si no se le da salida con la lectura de nuevos
textos es complicado extraerla.
Fuera
de toda duda está mi apoyo a todos los consumidores de palabras, que viéndose en
la necesidad de leer e interpretar cualquier texto que pueda pasar por delante
de sus ojos y que ante la falta de éstos, mi mas sincero deseo sería poder
corresponder con unos párrafos que los pueda sacar del apuro, y en mi humilde
opinión creo, mejor disponer de una literatura adulterada a una sin cortar, que
pueda ocasionar la locura crónica sin visos de una recuperación controlada; a
la vez que sacio mi ansia grafomaníaca con todo éste proceso.
Antes
de dar por concluido el presente artículo, debo aclarar unas cuestiones
referidas al título que ha sido colocado en tal posición, sin una mera y cuanto
menos necesaria consulta al escribiente, que es éste que les dice cosas sin
abrir el boquino (otra de mis cualidades).
En
primer lugar y único, se ha puesto el título que se ha sacado de una
conversación mantenida entre un secretario de la redacción y otra persona que
pasaba por aquí, se supone que amigo suyo, cuya transcripción literal ha sido
como sigue en sus últimas frases:
-
¿Tienes algo para pasarme?
-
No tío, todas las redacciones las he leído y las he distribuido para consumo
entre los adictos a la letra.
No
se sabe cómo ha podido ser tamaña movida.
Una
vez puesto el título y ante la disposición personal a cambiarlo para adecuarlo
a mi texto, se me dice que como lo cambie ya puedo recoger el lápiz y el
borrador, cerrando la puerta sin dar portazo y ante ésta dicotomía, procuro en el
principio del escrito divagar saliéndome por la tangencial. No sé cómo se ha
llegado a la conclusión de poner tan incomprensible anuncio y así, atraer la
atención de los lectores. Supongo que el afán devorador de textos presente en
el lector, le hace tragarse cualquier cosa, entre otras ésta, pero si lo piensa
un instante, todo tiene su motivo, sin motivo no hay asesinato, ¿o si? . Pero
el título ya ha pasado, la dosis es lo importante. Yo he cumplido.