jueves, 9 de abril de 2015

EL CONSUMIDOR DE PALABRAS

                                          
  Miguel de Cervantes. marcarlapieldelagua.blogspot.com.es


                                 

Lo mismo me he pasado con el titular, y he dado a entender algo que ni trato de transmitir, ni es mi intención disertar sobre lo que no conozco, o no se entiende y confunde al esperar leer sobre determinado asunto que en nada se va a ver reflejado sobre ésta coloreada pantalla. Bueno, como si no hubiese dicho nada, ni caso. 
Quiero dar a mis lectores ese jugo vital que necesariamente deben beber todos los días, pues su ausencia trae como consecuencia el inmediato ingreso en las salas de recuperación, donde tratan y curan los síndromes de abstinencia; si, allí donde los seres compulsivos devoran libros y libros hasta la extenuación, esos lugares donde la sola voluntad de apartar la mirada de la hoja leída supone una reprimenda por el cuidador-a de la biblioteca.
Si ,si, tómenlo a risa o no hagan caso a tales circunstancias y verán cómo les puede la ansiedad hasta límites tan insospechados, que les hará buscar cualquier libro, revista, periódico e incluso destrozarán el buzón de casa para conseguir una papelina de mala publicidad, si no tienen su dosis de artículo diario. Que uno cuando toma regularmente determinadas lecturas, le es muy difícil reconocerlo primero y desengancharse después; mas, la letra tiene un problema añadido a todas las adicciones posibles, produciéndose el enquistamiento en la base cerebral y dando como resultado un apelotonamiento general, sin sentido ni orden, que si no se le da salida con la lectura de nuevos textos es complicado extraerla.
Fuera de toda duda está mi apoyo a todos los consumidores de palabras, que viéndose en la necesidad de leer e interpretar cualquier texto que pueda pasar por delante de sus ojos y que ante la falta de éstos, mi mas sincero deseo sería poder corresponder con unos párrafos que los pueda sacar del apuro, y en mi humilde opinión creo, mejor disponer de una literatura adulterada a una sin cortar, que pueda ocasionar la locura crónica sin visos de una recuperación controlada; a la vez que sacio mi ansia grafomaníaca con todo éste proceso.
Antes de dar por concluido el presente artículo, debo aclarar unas cuestiones referidas al título que ha sido colocado en tal posición, sin una mera y cuanto menos necesaria consulta al escribiente, que es éste que les dice cosas sin abrir el boquino (otra de mis cualidades).
En primer lugar y único, se ha puesto el título que se ha sacado de una conversación mantenida entre un secretario de la redacción y otra persona que pasaba por aquí, se supone que amigo suyo, cuya transcripción literal ha sido como sigue en sus últimas frases:
- ¿Tienes algo para pasarme?
- No tío, todas las redacciones las he leído y las he distribuido para consumo entre los adictos a la letra.
No se sabe cómo ha podido ser tamaña movida.
Una vez puesto el título y ante la disposición personal a cambiarlo para adecuarlo a mi texto, se me dice que como lo cambie ya puedo recoger el lápiz y el borrador, cerrando la puerta sin dar portazo y ante ésta dicotomía, procuro en el principio del escrito divagar saliéndome por la tangencial. No sé cómo se ha llegado a la conclusión de poner tan incomprensible anuncio y así, atraer la atención de los lectores. Supongo que el afán devorador de textos presente en el lector, le hace tragarse cualquier cosa, entre otras ésta, pero si lo piensa un instante, todo tiene su motivo, sin motivo no hay asesinato, ¿o si? . Pero el título ya ha pasado, la dosis es lo importante. Yo he cumplido.




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